De qué va.

Primera novela de la trilogía Mentes mecánicas.
Vivir sin nubes, la segunda de la saga, en plena edición.

NOTA: Los relatos que forman parte de este blog, en su gran mayoría, NO tienen nada que ver con la historia central de Nueve Mundos, el origen, salvo algunos de sus principales protagonistas que comienzan a interactuar a su aire y permite a esta escritora llegar, además del público juvenil, a una franja de lectores más amplia.
Para leer la SINOPSIS de N.M. o la BIOGRAFÍA y fotos de la AUTORA, baja hasta el final de la página.

¡Ciencia Ficción, Sí Gracias!


martes, 23 de julio de 2013

La carretera.


  “Cuando ya no distingues entre realidad y ficción, crearte un mundo nuevo donde vivir seguro, es el único camino”.
  Luna Weiss.  Vivir sin nubes. (Fragmento del 1er. capítulo).


   La carretera es una metáfora de la vida. A veces, el trazado es recto y el pavimento liso, entonces nuestro viaje resulta tranquilo y agradable. Y otras, son tramos de curvas, algunas muy cerradas, que nos obligan a coger fuertemente el volante para evitar salirnos de la calzada y hacernos daño.
    Luna, una chica de dieciocho años, conducía por una vía secundaria de rectas y curvas. Mientras buscaba una canción en la radio redujo la velocidad y apartó por un segundo la vista de la carretera. Una vez conseguido su propósito volvió a mirar hacia delante y lo que vio la dejó en estado de shock. A menos de un metro de distancia, el impresionante chasis de un tráiler de mercancías tan negro, como el futuro que la aguardaba, se le echaba encima irremediablemente.
     
     - ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Hay que recuperarla! ¡La   
  perdemos!
      - ¡Nunca había pasado algo así!.
      -   ¡Maldita sea! ¡Se supone que la 115 había superado   
  todas las pruebas!
      -     ¡Y así es!
      -       Ya lo discutiremos, por favor, ayúdenme a traerla de   
  vuelta.
      -     ¡No responde a estímulos!
      -     ¿Quién ha sido el imbécil que ha elegido este programa
  para ella. ¡¿Sabéis quién es?!
      -       Ahora eso no importa, doctor. ¡Extraigan el implante!   
  ¡Rápido! En cuanto acaben aquí, les espero en mi   
  despacho.

Luna Weiss.  A. Luna Plach, en el Matrix.

     La carretera es una metáfora de la vida. A veces el camino que elegimos no es el que más nos conviene, pero una vez aquí, mejor estar preparado para cualquier cosa.
   Luna había quedado aquella radiante mañana de principios de mayo con su madre, Arianna Heart, en una cafetería del centro de la ciudad, dos días después del incidente en el laboratorio. Tras conducir dos horas y media, donde había tenido mucho tiempo para pensar, las ideas se presentaban claras y bien estructuradas, listas para ser expuestas.
    -      No quiero vivir más con mi padre.
    -      Luna, eso ya lo hemos discutido muchas veces…
    - ¡Tengo dieciocho años, mamá! ¡Si no quieres que me vaya a vivir contigo, me lo dices, y ya está! ¡Me buscaré la vida!   
    -    Escucha…Tu padre te quiere mucho.
    -     Mi padre me utiliza.
    -     No digas eso.
     -¡Mira!
     La joven estira los brazos y muestra a su madre ambas muñecas. Presentan un hematoma de color parduzco del tamaño de una nuez y varias punciones alrededor.
     -¿Te parece que esto tiene algo que ver con el amor? ¡La última vez, por poco no vuelvo! ¿Y que me dices de esto?
       Ahora se descubre la nuca. Siguiendo la orilla del   
 nacimiento del pelo, su madre observa un minúsculo código    
 de barras.
       -    ¡Dios, mío!
       -  Sí. Ahora te das cuenta hasta donde llega su
 cariño...
       - ¡No, no! Me refiero a que el sistema que utiliza tu padre     
 en la Corporación, para la identificación de individuos o la   
 localización de los implantes, están totalmente obsoletos.
      La joven observa a su madre durante unos segundos sin   
 dar crédito a lo que está escuchando. Después se levanta de   
 la silla con el rostro en llamas.
      -   ¡Sois unos monstruos! ¿Cómo pude pensar que tú me
 comprenderías?
      -      Luna, siéntate.
      - ¡No! ¡Quiero irme de aquí!-implora sollozando.
      - Por favor, deja que me explique. Después podrás irte.
      La joven se sienta e intenta recuperar la calma.
      -  Mira, los padres de algunas de tus amigas son
abogados, otros políticos, médicos o carniceros…A ti te ha tocado vivir en la familia más atípica del mundo, es verdad, pero eso no nos convierte en monstruos, ¿no? ¡Raritos, 
sí!- exclamó haciendo grandes aspavientos-. Pero, originales, y eso no podrás negarlo...Dedicarse en cuerpo y alma a la ciencia del entretenimiento, a que la gente sea feliz, es muy gratificante. Somos los creadores del Cyborg World y de los implantes de Segundas Vidas que hoy en día utilizamos como si fuera el teléfono móvil. Nuestra empresa, año tras año, hace historia.¡Todo el mundo te envidia, Luna! Creo que deberías estar muy orgullosa de lo que ha conseguido esta familia- repuso ella-. Cariño, sabes que solo queremos que participes activamente de los proyectos de la empresa, pensando en tu futura dirección-. Arianna tomó aire, una pausa que aprovechó para cogerle la mano-. Además, siempre creí que te presentabas voluntariamente a los experimentos. Nunca pensé que debía preocuparme.
       - Es que…No quiero implicarme tanto. Muchas veces, me siento utilizada. Ya no…
       - Vale. Lo entiendo.
       -¿Hablarás con él?
      -  Bueno, ya sabes que no tenemos mucho contacto...Pero intentaré hacerle comprender que debe mantenerte al margen de su trabajo y más todavía de sus experimentos, y que ha de actuar como un padre y no como un colega. Y después si crees que todavía quieres venir a vivir conmigo o independizarte, lo consideraremos. ¿Sí?
     Arianna le guiñó el ojo y Luna sonrió complaciente.
     - Bien, ¿y ahora que te parece si comemos una de esas hamburguesas bien grasientas? ¡Un día es un día!
     - ¿Una hamburguesa?- repitió la joven extrañada.
     - ¡Sí, claro! Es lo que me apetece. Me muero por una de esas de 250 gr. ¡Así de grande!- exclamó representándola con las manos. Pero antes de acabar la frase, cerró la boca, cayendo en la cuenta del gran error que acababa de cometer.
        Luna se quedó atónita. La miró fijamente a los ojos. Y comprendiendo todo, se echó a temblar. Esto era la gota que colmaba el vaso. Mientras tanto, una camarera de rostro afable, se disponía a tomar el pedido.
         -  ¿Qué será?
         -  No… Creo que se me quitado el apetito. Disculpe. Yo ya me marchaba-respondió Luna, que se levantó con el rostro desencajado ante la atenta mirada de su madre.
         La camarera centró entonces su atención en la señora. Pero ella estaba distraída, observando impotente como la chica avanzaba por el local a toda prisa. Entonces, le gritó con voz áspera.
         -  Luna, vuelve. No quise ofenderte. Por favor, dame otra oportunidad…
         La camarera, que permanecía todavía de pie junto a la mesa, intentando recoger el pedido, se quedó muy sorprendida. Aquella voz, era claramente masculina, pero provenía de la misma mujer a la que había escuchado segundos antes hablar sobre la hamburguesa gigante que se comería. No entendía nada. Pero seguía esperando.
         Arianna la miró fijamente. Y la camarera le respondió insistiendo en su propósito.
       -¿Qué, señora? ¿Le traigo su hamburguesa de 250 gr.?
       - Sí, claro. ¡Pero qué sean dos! Una para mi -contesta mientras se libera de la imagen holográfica que oculta su verdadera identidad-, y otra para mi ex mujer.
       Eric Weiss, padre de Luna, el camaleónico y excéntrico multimillonario, dueño del imperio de los videojuegos implantados, aparta el cuerpo holográfico con el que se había disfrazado, de una Arianna Heart algo descompuesta, y se dispone a comer tranquilamente. El hombre saluda al personal y a los clientes del establecimiento, que tras presenciar la insólita escena, salen huyendo despavoridos entre gritos y pisotones. Weiss, que el pánico jamás le hizo perder el apetito, recibió su comida y la devoró a grandes mordiscos, mientras su ex mujer, frente a él, apoyada sobre el sillón de escay, lo miraba  ausente, como suelen mirar todas las cosas no humanas y carentes de vida.


                             Próximamente:



    Segunda parte de la novela Nueve Mundos, el origen. 
  

                           Publicada en diciembre 2011.
                               wwwa4edicions.com

lunes, 15 de julio de 2013

Historias para echar en la mochila de la vida.

 

    Una vez me dijo un profesor que las historias nos aprovisionan para la vida.
  Y es cierto. Yo soy las lecturas que he leído, pero también los hombres que he amado, la gente que he conocido, la familia que me ha tocado, las mascotas que he querido y me han seguido, los días que he vivido, las circunstancias que me han marcado, los pasos recorridos, las lecciones que he aprendido... 
    Hoy compartiré con vosotros una de esas historias que me hicieron cambiar algunas cosas y aspectos de mi vida y me ayudaron a alcanzar algunas metas. 
    Se trata de una leyenda que achacan al magnifico Alejandro Magno. Juventud y sabiduría. No en vano fue discípulo de Aristóteles.


   
   La historia quedó escrita así:

    Antes del año 335 a. de C., al llegar a la costa de Fenicia, Alejandro Magno debió enfrentar una de sus más grandes batallas. Al desembarcar, comprendió que los soldados enemigos superaban en cantidad, tres veces mayor, a su gran ejército.
 Sus hombres estaban atemorizados y no encontraban motivación para enfrentar la lucha, habían perdido la fe y se daban por derrotados. El temor había acabado con aquellos guerreros invencibles. Cuando Alejandro Magno hubo desembarcado con todos sus hombres en la costa enemiga, dio la orden que fueran quemadas todas sus naves.
   Mientras los barcos se consumían en llamas y se hundían en el mar, reunió a sus hombres y les dijo:
   - Observad cómo se queman los barcos... Esta es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos.
   Entonces, uno de sus almirantes interrumpió:
 -Pero, señor, ¿qué queréis que hagamos? Estamos reducidos, nuestras tropas huelen a derrota.
 Sin embargo, Alejandro, haciendo caso omiso a la intervención del súbdito, continuó diciendo:
  - ¡Debemos salir victoriosos en esta batalla, ya que sólo hay un camino de vuelta y es por mar..! ¡Caballeros, cuando regresemos a casa, lo haremos de la única forma posible, en los barcos de nuestros enemigos!
   El ejército de Alejandro Magno venció en aquella batalla, regresando a su tierra a bordo de los barcos conquistados al enemigo.

  Conclusión: La vida está siempre plagada de oportunidades, quien sabe aprovecharlo puede ser un rey o un emperador en 
este momento.

  
   
  

jueves, 11 de julio de 2013

La verdadera historia de Teresa Rojas.

  

  El 15 de septiembre de 1577, Teresa Rojas comenzó a escribir un cuaderno en octavo llamado "Memorias negras". No era un verdadero diario: relatos breves, confesiones, apólogos, frases, reflexiones; formas ligerísimas de liberar el pensamiento, sutiles caminos para la liberación del alma. Si ella la tuviese...
  La soledad para algunos puede ser un placer, una comodidad o un alivio o un momento de paz; pero la soledad del cyborg y de Teresa, era la soledad sin gestos ni palabras de la mujer máquina que se encierra en el purgatorio y no querría salir más de él; la soledad de un objeto que está en permanente servilismo y por el que nadie va a sufrir. ¡Qué lunática soledad, qué sueños de control! El gran convento de clausura, donde nadie que le rozara tan siquiera los labios, una mano o la rodilla, colmaban la mente de un cyborg. Si por casualidad o por error entraba en la tierra poblada, enseguida se echaba atrás; y se retiraba a la tierra limítrofe entre purgatorio y comunidad, entre el desierto del sistema binario y la vida corriente, entre la campiña nevada y el Castillo, donde tenía la impresión de estar a punto de recibir alguna visita. 




  
  Pero por la noche, todo cambiaba: no tenía más casa que los arroyos de La Ribera de Barcelona bañados por el mar y bordados de un ambiente fresco, húmedo y fragante, oscuro medieval. Esos lugares solo se mostraban a los que estaban dispuestos a entrar por la boca de un dragón, ese animal que descansa formando callejuelas y estrecheces de adobe, hasta alcanzar la plaza central de su panza. Después, atravesando claroscuros llegaba hasta la cola, y por fin, a la iglesia de Santa Maria del Mar. Allí siempre encontraba noches de calor humano, lejos de su casa, del Castillo. O quizá su verdadera casa eran las historias de amor donde entraba a pernoctar hasta el amanecer. 



  Después por la mañana, repartidos sus encantos, impartidos los placeres y bajo los rescoldos de una noche vacía, partía de nuevo hacia su retiro, desnuda y desamparada, sin recordar nada. Su interés estaba restringido, limitado, nunca llegaba a nada. Su cuerpo era una cárcel para los hombres que la amaban. Un lugar idóneo para alcanzar la felicidad hasta hacerte saltar las lágrimas. 
  Teresa Rojas, alias Tránsito, nunca había descansado o dormido. Pasaba por los milenios como una máquina fantasma, una excéntrica millonaria de piel de melocotón, recluida en un Castillo tan alto e inaccesible como ella. 
  
Ella fue la primera mujer artificial de la historia. Teresa Rojas. Siglo XVI.
Todos admiraban su inigualable belleza, tan puñeteramente
perfecta, que se diría artificial.


                                ¿Quién les envía?  
                             ¿Cuál es su propósito?


               Nueva entrega de la trilogía Mentes Mecánicas.
                Pasado, presente y futuro de unos personajes  
                             sorprendentes.   
                       
                             ¡Próximamente, ni te imaginas!