De qué va.

Primera novela de la trilogía Mentes mecánicas.
Vivir sin nubes, la segunda de la saga, en plena edición.

NOTA: Los relatos que forman parte de este blog, en su gran mayoría, NO tienen nada que ver con la historia central de Nueve Mundos, el origen, salvo algunos de sus principales protagonistas que comienzan a interactuar a su aire y permite a esta escritora llegar, además del público juvenil, a una franja de lectores más amplia.
Para leer la SINOPSIS de N.M. o la BIOGRAFÍA y fotos de la AUTORA, baja hasta el final de la página.

¡Ciencia Ficción, Sí Gracias!


sábado, 20 de abril de 2013

La bofetada de la mariposa.

  

 "Tiene la vida por costumbre espabilarnos de vez en cuando. 
  Si vas tirando, echando el paso por la senda, tranquilo, estable, confiando en esa falsa seguridad que suele ofrecer el dinero, el trabajo, el amor... de repente, esto cambia, y recibimos la bofetada de lo imprevisible, de aquello que no esperas. 
  ¡Plas! 
  Paras de repente y te inclinas ante la reflexión. 
  Entonces, se crece el animal que has sido desde el principio de los tiempos, te pones en guardia, con rabia, con dolor, con interrogantes y posibles soluciones, pero sobre todo, cambiando la postura, creando una onda de movimiento, aires de cambio, dibujos nuevos, en definitiva, reaccionando, para evolucionar.
  Y ese es el puñetero sentido de la vida. Jodido, pero efectivo. 
  ¿Qué se espera de mi? ¿Qué debo hacer ahora? Eso es cosa tuya. Pero seguramente saldrás fortalecido, con una lección aprendida y un gran ojo en tu espalda. Ya eres un poco más sabio y menos confiado. Ya puedes seguir tu camino. ¡Vuelve a levantarte y camina! ¡Camina ya! ¡Echa a andar! ¡Vamos! ¡Sigue! ¡Sigue! Que al fin de tus días, dejarás la senda, como un erudito de la vida". 

(Discurso de la máquina Tránsito a su discípula Lu García, tras descubrir ésta, que ha sido de nuevo engañada y manipulada durante largos meses, como parte de su entrenamiento para la vida que ofrece la Escuela de la Corporación. Holaku Smith, no era más que un personaje poseído por la androide. Un duro golpe que le hará reaccionar, pero también, una lección de vida impresionante).

¿Cómo acabará todo esto?
 No te lo pierdas, en el próximo capítulo.



Y recuerda que tenemos una cita, el próximo martes, Festividad de Sant Jordi, día del libro, en la ciudad de Barcelona, Paseo de Gracia, 75. 
¡No me faltes! 
Love, Lu.
(Para más datos, mira la invitación en el post anterior).


viernes, 19 de abril de 2013

Sant Jordi'13 BARCA-CEL-ONA.

  

El próximo día 23 de abril, te espero en mi ciudad, Barcelona, en la calle considerada la más bonita del mundo: Paseo de Gracia. ¡Ven a celebrar el día del libro con nosotros!. Tránsito, Lu García y esta autora, estamos deseando conocerte.

¡Quién sabe si eres nuestra próxima inspiración!

Ahora te toca Sorpréndeme a mi. ¡Te espero!
¡
¡Ah! ¡Y si te presentas como seguidor de mi blog, tendrás un ragalo! ¡Ni te imaginas!

miércoles, 17 de abril de 2013

Por cinco millones de euros y un Bentley.


  Lu se apresuró para salir de la penitenciaria y ver de cerca lo que le pareció imposible en un primer momento. 
  Allí estaba el Bentley, como él le había prometido, magnifico, bello y brillante, como una noche romántica. 
  Por un momento dudó. No debió dejarse comprar. Pero pasados unos segundos se dijo a sí misma que ella no era la Virgen María, sino una humilde mortal, bueno, no tan humilde ni tan mortal como aparentaba, pero humana, al fin y al cabo. Todos teníamos un precio. El suyo había sido cinco millones de euros y un Bentley, no estaba mal por ayudar al preso Smith, por un lado, y a la jefatura de policía, por otro. Un doble espionaje muy rentable. 
  Una vez en la calle, Lu salió al encuentro del coche sorteando con los tacones trémulos, las molestas aristas de los adoquines de la calzada. No deseaba nada más que llegar hasta él, acariciar su fantástico caparazón y fundirse en su anatomía interior.    
  Rebuscó durante unos segundos la llave del Bentley y finalmente la cazó en el fondo de un roto del forro de la gabardina. Entró y cerró la puerta. El sonido del portazo era un placer para sus oídos, similar a romper una gruesa onza de chocolate. Y el olor, ese olor a tapicería recién estrenada, a piel de vacuno, a caucho virgen. Cerró los ojos y aspiro profundamente aquella fantasía convertida en materia antes de introducir la llave en el contacto. Arrancó suavemente. 
  
  
  Miró por ultima vez la fachada de la prisión, su lugar de trabajo durante los últimos tres meses y advirtió a Holaku Smith agazapado entre las sombras, de bruces al cristal, a oscuras, observándola desde su mazmorra. Lu levantó la mano para saludarle, esperó unos instantes y después salió a toda prisa del aparcamiento dejando las marcas de las ruedas en el asfalto.



  Condujo toda la noche, primero por carreteras secundarias, saboreando cada metro, acariciando cada kilómetro, nadando al estilo mariposa a ras de asfalto, sacando la cabeza fuera solo para coger una pequeña bocanada de aire y seguir unos metros más, movida únicamente por el placer de conducir una máquina como aquella. Agarrada al volante con suma suavidad mientras consumía plácidamente la distancia que la separaba de Barcelona, repasaba mentalmente todos y cada uno de los momentos que había pasado escuchando y escribiendo para aquel psicópata. E intentó recordar el preciso instante, en el que ella se había dejado convencer para entrar en el juego. ¡Pero si acababa de salir de un embrollo y ya se había metido en otro! ¡Por Dios! ¿Hasta cuando seguiría haciendo equilibrismo sobre sus propios renglones? 
  Mil veces había tenido que saciar la curiosidad de aquel tipo, contestando a sus insidiosas preguntas íntimas, con tal de arrancarle una confesión, una u otra terrible escena, alguna razón, un motivo, algo que les ayudase a comprender lo inadmisible y que pudiera acercar al reo, hasta la expiación de sus pecados. 
  Miró el reloj momentos después de incorporarse a la autopista. A pocos kilómetros encontró lo que buscaba, un área de descanso retirado y oscuro. Había llegado el momento. Paró entre unos contenedores de basura, parapetada por un grueso muro de hormigón. Miró a ambos lados de la calzada. Después, segura de que el lugar estaba totalmente desierto, abrió desde el interior del vehículo el maletero, y un hombre grande y robusto como un armario, vestido con un mono numerado, salió apoyando una mano en el borde y dando un brinco inusualmente ágil para la edad que aparentaba. El maletero volvió a cerrarse, el individuó alcanzó la puerta rápidamente y se introdujo en el coche. Lu García tragó saliva. Jamás había tenido al terrible Holaku Smith tan cerca. Tanto, que podía escuchar los latigazos de su corazón. Tanto, como si le tuviese encima, tanto como si le aprisionara con su cuerpo de acero, tanto como si la atrapara entre sus brazos, y lo tuvo tan cerca, tanto, que creyó perder el conocimiento de miedo, no sin antes, verle mudar la piel.
  - ¡¿Eras tú?! ¡¡Maldita sea!!




    Continuará.

  
  ¡Buenas noches, Europa! ¡Buenas tardes, América!

  
  *Todos somos y estamos con Boston, una de mis ciudades favoritas. 
  Love, Lu.  

domingo, 14 de abril de 2013

El beso. Long version.




 Tengo que confesar que me gustó. Y debo admitir que no me siento culpable. No es que esté orgullosa, pero pasó y ya está. 
¿Debo crucificarme por eso?

  Todo comenzó hace tres días, cuando volví a sentir unos deseos irrefrenables de subir a esa dichosa máquina del tiempo.  
  Al principio, me resistí, no quise. Pero al final se doblegó mi voluntad como va siendo costumbre. ¡Lo mío es pura adicción! ¿Dios, cuando pararé de hacer esto?. ¿Hasta cuando seguiré haciendo equilibrismo sobre mis propios renglones?

Trilogía: Mentes Mecánicas.
  Subí a mi destino. Miré por ultima vez al mundo que estaba a punto de abandonar y en ese momento pensé que aquella adicción a las emociones fuertes escritas por mi puño y letra, un día me valdría la vida. Consciente y a sabiendas del perjuicio que me provocaban estos viajes, aun así, seguí adelante. Mientras dejaba atrás el mundo para coger la autopista del Eterno Presente, las mariposas que viven en la boca de mi estómago echaron a volar por todo mi cuerpo, provocando un maremoto desde la coronilla hasta las puntas de los pies. ¡Sí! ¡Lo iba a hacer de nuevo! ¿Por qué no? ¡A la mierda las consecuencias! La asquerosa rutina me provocaba convulsiones. ¿Es que eso era mejor? ¡La vida corriente me salpicaba la piel de edemas y pústulas! ¡La mediocridad de la vida sencilla me asfixiaba! 
¿Por qué iba a conformarme con menos, cuando disponía de todos los medios para burlar al tiempo?

Ciudad de Jerusalén. Año 0.
  Llegué a Jerusalén a la hora prevista. Y entonces todo sucedió con la exacta precisión de un mecanismo perfectamente ajustado. Como si se tratara de las plumosas alas de un ave grácil que echa a volar, las prietas filas de los transeúntes en un día de mercado se abrieron aplastando contra las paredes mi máquina del tiempo. Entonces como si de humo fuera, pasó la muchedumbre a través de mi, distraída y liviana, como si nada.
  ¡Qué libertad más deliciosa! ¡Qué inusual placer! ¡Ver sin ser visto! 
  Ahora debía encontrarle. Me abrí camino entre el alborotado gentío agolpado como abejas a lo largo y ancho de los puestos del mercado. Las mujeres eran más activas y se movían con grandes fardos a la cadera, mientras caminaban deprisa. Los hombres, en cambio, paseaban con gran pomposidad, mostrando sus barbas a los demás mientras curioseaban entre la mercancía expuesta, conscientes de que esa era la actitud correcta para comprar a precio de saldo.
  Me fijé en un sujeto pequeño, casi diminuto, cuya calvicie total parecía compensada por una barba blanca que se abría sobre su pecho semejante a una corriente lechosa. Al acercarme, me había dicho que se llamaba Yonah y, a decir verdad, su rostro me ofreció confianza, parecía casi la encarnación de aquel nombre que significaba en hebreo "paloma". El cráneo era reducido y con las sienes aplastadas, los ojillos redondos y negros, y las guedejas parecían las plumas de unas alas abiertas.
  -A quien buscas, yo le he visto esta misma mañana-comenzó a decir el hombre-casi siempre le sigue una gran multitud. Pero hoy es día de mercado y algunos no están dispuestos a dejar tras de sí sus ocupaciones. Al final, no han ido muchos hasta el Monte. Estaban los doce, por supuesto; las mujeres, pobrecitas que están siempre dispuestas a seguirlo a cualquier sitio y luego..., déjame pensar, una extranjera, una mujer muy rara...
  -¿Una mujer muy rara?-le interrumpí.
  Yonah sonrió con dulce condescendencia.
  - Sabes muy bien lo que te digo.
  El hombre dejó que los labios se le entreabrieran en una sonrisa rojiza que a mi se me antojó burlona. Después me despedí y salí en busca del hombre que me llevó a una arriesgada aventura.     
 
GETSEMANÍ
  Encontré a Jesús de Nazaret de espaldas a un gran olivo, en Getsemaní, junto al margen de un carril de tierra. 
  Respiré hondo. 
  Sentí un miedo profundo, pesado, casi hiriente.
  No había marcha atrás. 
  Mi cuaderno de Bitácoras latía en la mochila que llevaba a la espalda, como el corazón de un ratón.
  Adelanté un pie. 
  Después el otro. 
  En diez minutos tan solo había avanzado unos centímetros.
  
  - Acércate, extranjera. Te estaba esperando.
  
  Quise morirme en ese instante. ¡Dios, mío! ¡Era él! 
  Obedecí con los huesos blandos e hice lo que él me dijo; líquida, transparente, vacía de cualquier residuo. Y cuando me coloqué ante sus ojos verdes como las hojas del olivo verde, yo ya era como el agua, de mineralización muy débil. 
  
  Entonces, él sonrió. No dijo nada. Solo sonreía. 
  
  Y yo solamente podía mirarle, imantada a sus labios, tatuada a su bello rostro sereno. 
   
  Yo solamente podía respirar a través del trazo inigualable de su sonrisa. 
  
  Al principio lo hizo con la boca apretada suavemente. 

  Después despegó sus labios delgados y sonrío. Él solamente sonreía. 

  Y luego ocurrió lo que nunca tuvo que pasar: 

  Me arrojé a su rostro para entregarle el mío. 

  Abrí mis labios mortales y alcancé los suyos con facilidad, sin resistencia: Los ofreció mansos y cálidos como un cordero. 
  
  Al principio juro por lo más sagrado que quise que fuera un beso inocente, pero ya perdido el rumbo, la razón y toda cordura, le ataqué con pasión. 
  Besé primero repetidamente su sonrisa permanente, cada rincón besé, cada milímetro de su sonrisa perenne repasé, a cada poro de su piel bajé y me quedé allí hasta hartarme. 
  
  Y bebí de la fuente de su amor hasta saciarme completamente.
  
  Cuando por fin pude despegar mis labios de los suyos, él seguía sonriendo...

  Había cumplido un deseo sin medir las consecuencias de mis actos, porque ya se sabe que el aleteo de una mariposa en Brasil, despierta un tornado al otro lado del mundo, en este o en otro universo...¿Pero como se podía evitar lo inevitable? 
  Debo admitir que no me siento culpable...
  Y que lo volvería a repetir.  

Trilogía Mentes Mecánicas: Nueve Mundos, el origen.
Vivir sin nubes y Kilómetro cero.
  Si a ti también te gusta viajar sin limites, mis novelas son para ti. Atrápalas: www.a4edicions.net 

Feliz domingo. ¡Vívelo con imaginación! 
Love, Lu.

martes, 9 de abril de 2013

La confesión. I parte.

  "La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha". 
  Michel Eyquem de Montaigne.(1533-1592. Escritor y filósofo francés).


Pasillo frente a la celda 166. Penitenciaria de La Comella. Andorra.
  - ¿Hace esto únicamente por dinero?
 -  Si.
 - ¿Tiene miedo? 
 - (La redactora sonríe). No, miedo, no. No después de salir de la Corporación. Trabajé allí desde que era una niña. (Lu le mira fijamente, sin abandonar la sonrisa). Me entrenaron para no temer a nada. Pero esa es una larga historia y yo solo estoy aquí para escuchar. 
  - (Holaku Smith niega con la cabeza). No, no, no...No le pago sólo para escucharme. Creo que la Sra. Guasch no le ha explicado las condiciones de nuestro contrato.
  - ¿A qué se refiere?
  - Necesito que me estimule. Que saque de mi lo que nadie ha conseguido hacerme escupir todavía; ni los psiquiatras, ni la policía, ni mis abogados...¡NADIE!. Ya lo ha dicho antes muy bien, no somos tan distintos, usted y yo.


  
  (El preso se levanta, se dirige hasta la reja y agarra con ambas manos los barrotes). Déjeme que le hable con total confianza, Lu, como dos amigos íntimos. ¿Recuerda cuando pronunció en la radio aquella frase de Cicerón, sobre la amistad, usted decía: "Qué cosa más grande que tener a alguien con quién te atrevas a hablar como contigo mismo"?.
  - ¿Es lo que quiere? ¿Sincerarse?, ¿Que conversemos como dos amigos íntimos?. Me parece muy bien. Es lo lógico cuando se desea escribir una autobiografía por encargo. (Lu sonríe de nuevo). Prometo no salir huyendo, cuente lo que me cuente. ¿Esa la condición a la que se refería, Holaku? ¿La confianza? 
  - Pero hay algo más.
  - ¿Ah, sí?...¿Más?
  - Quiero que conteste a todas mis preguntas. A las cuestiones que vayan surgiendo.
  - Bueno, no sé...Si son personales... Yo no suelo hablar de esas cosas con desconocidos.
  - (Niega de nuevo repetidamente con la cabeza). No...no lo entiende. Le dije a nuestra intermediaria que solamente aceptaría trabajar con usted, si a medida que nos conocemos, fuera respondiendo a mi curiosidad.
  - ¿Por qué?
  - ¿Por qué...?
  - Sí.

  - ¡Porque la necesito para salir de este demonio que me habita!. ¡Pero antes debo conocerla como a mi mismo, saber que no me he equivocado con mi elección!. 
  - Qué usted me...
  - Y si consigue resistir, prometo que le contaré algo que cambiará el rumbo de su vida. ¡Oh, sí! ¡Algo que le hará inmensamente dichosa!. ¡Una revelación única y que ha estado esperando toooda su vida!. ¿Podrá usted sobrevivir a mi manías? ¡Hágalo y no se arrepentirá!  
  (La escritora le mira fijamente. Aún no sabe si trata con un demente o un sabio, con un mentiroso o un confidente).
 - Muy bien. ¡Adelante! Ya se verá como lo llevo. Su propuesta es muy tentadora. ¿Quién se resiste a que le cuenten un secreto? Ya sabe el dicho: ¡Periodista y mujer, no existe mayor chismosa!  (La escritora coloca sobre sus rodillas la grabadora, no está dispuesta a alargar los preliminares, mejor seguir la corriente y acabar cuanto antes).   
 ¿Empezamos, Dr.?
  - Gracias. No se arrepentirá.
  - Bien. Usted dirá.
  - Bueno, me gustaría comenzar por el primer contacto que tuve con los adultos. Fue como aquel cuento que me contaba mi abuela, a cerca de un niño que cayó a un pozo y encontró una ciudad maravillosa...
  
Entrenamiento en la escuela de la Corporación.
  Las piernas le temblaron al cruzarlas, mientras él relataba. Estaba sentada frente un peligroso psicópata convicto en los segundos previos a una entrevista que -muy a su pesar-, no iba a poder controlar.
   "Controlar", menuda palabreja, inexistente en el mundo artificial en el que ella solía moverse como pez en el agua. Porque si algo le enseñaron en la Corporación era a actuar sin retraerse, a dar rienda suelta a sus instintos, a respirar con el alma y a sentir con el espíritu, en definitiva a actuar como los animales o como lo hacemos en los sueños. Sí, resultaba grotesco. Pero era así: Le habían entrenado para sobrevivir y salir vencedora, había que ser un animal para actuar sin miedo al fracaso, sin coacciones, ni conductas adquiridas, sin presiones de nadie, con absoluta y pura libertad, con la pasión propia de una bestia, aquella que comprende de forma natural, que el pasado ha huido, lo que esperas está ausente, y que únicamente el presente, es de uno mismo. 
  Le habían entrenado para sobrevivir rozando la salvajedad propia de un ser racional educado en el libre albedrío, en la hermandad de la manada, en el amor por el amor, en el apareamiento por instinto. Y no con la desgana, la desmotivación, la envidia, el egoísmo o en general la maldad por la maldad, con la que podemos los hombres hacer las cosas. *Vivir sin nubes.


Escena de la novela Vivir sin nubes. (Próxima edición).

  De ahora en adelante esa seria su premisa para continuar con él y salir vencedora. ¿Quién resistirá a quién? 
 "Sí, usted y yo no somos tan diferentes. ¡A mi también me gusta jugar. Y ganar!".  




  - Sí, Doctor. Una ciudad maravillosa, decía...


 Continuará.

  

sábado, 6 de abril de 2013

Doce minutos.




 "Vale. Ese tipo no mató a la funcionaria, los presos no gritaban, no enloquecieron los perros, nadie intentó hacerme daño, ni tan siquiera llovía ni los cristales eran golpeados con la inusitada fuerza de la ventisca. Nada de eso ocurrió. Sino que otra vez como es habitual desde que comencé a ser implantada había cruzado los límites del mundo y en la playa de la aventura viví un nuevo episodio en el lado oscuro de otra vida". 
 Treinta y seis minutos más tarde, después de pasar por la enfermería y reflexionar sobre todo lo ocurrido o lo que no ocurrió, Lu regresó de nuevo frente a la celda 166 de la cárcel de máxima seguridad de La Comella, en Andorra. Holaku Smith, el preso condenado a cadena perpetua desde 1982 por cometer escabrosos delitos contra una docena de inocentes, y por los que jamás mostró ningún arrepentimiento, deseaba fervientemente escribir un libro con sus negras memorias. Contrató a una redactora local, una mujer que ya había escuchado en la radio, desde su celda, cuantas tardes amargas ella le había mostrado, con sus cuentos y esa voz alada, de dulce canela y prosodia encantada, una puerta abierta a la libertad. 



  Ella le había hecho ver, tantas veces, que la vida era una fábula, ni siquiera ingeniosa, pérfida o cruel, sino simplemente una puñetera alegoría. Durante doce minutos de radiofonia, sus frases empapelaban las ennegrecidas paredes, las palabras caían sobre él, lentamente, como plumas, quedando atrapadas en la humedad de su cuerpo hasta cubrirle por completo. Entonces, vestido como un ángel, su existencia se engrandecía, el tiempo se tomaba un descanso y la vida, en ese preciso instante, no era para él más que un breve relato ficticio con intención didáctica, manifestada con una moraleja final que le solía sorprender y le obligaba a la reflexión. Muchas de esas moralejas las imaginaba impresas como epitafios. Dichos fines, los veía  reposar eternamente grabados en las frías losas de piedra que arropaban a sus víctimas en Camposantos centurios. 
  Sí, ella, su escritora y locutora favorita, era la absoluta merecedora de tan preciado tesoro: escribir sus luces y sus sombras.


 
    La escritora tomó de nuevo asiento en una sobria butaca de cuero colocada expresamente para la entrevista en mitad del corredor, frente a la gruesas rejas de la celda. Preparaba su grabadora para retomar el diálogo. Entonces, ese instante se detuvo para mirarle, y él le sonreía, y ella se tranquilizó mientras pensaba en el tipo de persona que le habían convertido en la Corporación. Ese maravilloso poder para huir en cualquier momento de la existencia auténtica le hacía invencible pero a la vez tan vulnerable... Tras meses de vivir en increíbles programas de Matrix, ya no veía con claridad. ¿Cómo podía volver a recuperar su vida? Pero sobre todo, ¿cómo distinguir la realidad de la ficción o la certeza de lo verdadero, de la emoción de la fantasía donde se escribía el Eterno Presente?. Ese maldito tiempo adictivo, que la mantenía en la cuerda floja, en las vías del tren, en un viaje de huida permanente.
  Ahora estaba anocheciendo y ya había analizado la cuestión desde todos los puntos de vista posibles, empezando por eliminar radicalmente de su mente a los personajes que seguramente no existían, como la funcionaria voluptuosa de la cintura estrecha, la señora Lavigne, uno entre los miles de detalles que aquella mañana le habían estallado, impactado como la metralla, en una mente manipulada por violentos softwares.
  - Y ahora que nos conocemos un poco más, Señora García, intentamos comenzar de cero?-pregunta el preso impaciente.
  -  Por supuesto. Pero, llámeme Lu. 
Usted y yo no somos tan diferentes.

   Continuará...

Nota: "Escribir continuamente, en la perpetuidad de los días con sus horas y segundos, a través de los años y los lustros, creando y revolviendo entre la mente para diseñar vidas, expedientes y otros mundos, llega a cambiar tu percepción de la vida de forma quijotesca. Tanto, que muchas veces se pierde el equilibrio. Y a veces, para algunos de nosotros, la cotidianidad se vislumbra a través de unas gafas especiales; cada movimiento vivido se graba como en una película, cada imagen que nos sorprende, la convertimos en palabras que se encadenan unas con las otras hasta componer un poema o un párrafo de lectura. Nada es simple. Todo es Composición literaria.
Yo soy novela. 
Yo soy personaje en la magnifica obra de la Vida. 
Yo soy una adicta, por eso, a vivir con los Cinco Sentidos.   

¡Arriesga! ¡Persigue! ¡Lucha! ¡Siente! ¡Ama!

¡La vida 
quiere 
que le demuestres 
de lo que eres capaz 
por ella! 

Feliz fin de semana.