De qué va.

Primera novela de la trilogía Mentes mecánicas.
Vivir sin nubes, la segunda de la saga, en plena edición.

NOTA: Los relatos que forman parte de este blog, en su gran mayoría, NO tienen nada que ver con la historia central de Nueve Mundos, el origen, salvo algunos de sus principales protagonistas que comienzan a interactuar a su aire y permite a esta escritora llegar, además del público juvenil, a una franja de lectores más amplia.
Para leer la SINOPSIS de N.M. o la BIOGRAFÍA y fotos de la AUTORA, baja hasta el final de la página.

¡Ciencia Ficción, Sí Gracias!


miércoles, 30 de enero de 2013

Capítulo II: Y a pesar de todo... Te amo.

                                       Advertencia necesaria: 
  
   Hola Reader, llegados a este punto, quiero comunicarte que los siguientes posts, correspondientes a las aventuras y desventuras de distintos personajes de la trilogía, Mentes mecánicas, ya sabes: Nueve Mundos, el origen, Vivir sin nubes y Kilómetro Cero,no son textos que formen parte de las novelas,como algunos de los anteriores, donde ya los señalábamos como tal, aunque inevitablemente, pueda haber alguna coincidencia. El motivo ya puedes adivinarlo. ¡Hay que leer el libro! 
  Ahí quedan muchas lineas escritas con el objetivo principal de familiarizarte con la trilogía. Por ello, juntos, durante semanas, nos hemos acercado hasta una docena de personajes, de escenarios y de elementos, como adelanto de una historia inquietante que te sorprenderá. Ahora, para suavizar la espera de la segunda novela, he escrito para ti, algunas historias, que espero de todo corazón, te entretengan y te arrastren, por lo menos durante unos minutos, por esos mundos de la ficción más real: esa que ha de venir, inevitablemente. ;-)

             Y a pesar de todo, Te amo...
          Capítulo II: Historia de un secuestro por amor.




  -  Por favor, no...
  - Solo una vez más...
  - No...
  - Sé que tu también lo deseas.
  - No insistas, por favor...Ahora no puedo. ¿No ves que estoy ocupada?
  - Solo una vez más.
  - No, pero...
  - ¿Qué?
  - Quizás, si me sonríes, me convenzas...
  - ¿Entonces escribirías algo para mi?
  -  ¡Por supuesto!
  -  Bueno, ya sabes que me cuesta mucho reir.
  -  Ya... Tu tara de fabricación.
  -  Pues sí. ¿Un poema?
  -  Venga...
  Tránsito prueba sonreír con tal de que Lu le escriba unos versos de amor y deje la fregona. Pero una mueca indescriptiblemente fea aparece en un rostro contraído, como si la comisura del labio y el moflete hubieran sido cosidos a grandes puntadas.
  La escritora ríe a carcajadas al observar el esfuerzo de su compañera.
  
  Kómputo Oscuro conduce a más de trescientos kilómetros por hora, y Lu, en el asiento del copiloto, con la cabeza apoyada en la ventanilla, recuerda la cómica escena vivida con su amiga con gran amargura. Una lágrima cae, seguida de otras. No hay consuelo. Nunca más volverá a verla. 
  Observa callada, la tierra ahí afuera. Es una soledad caótica y la luz grisácea cubre la carretera, como una losa infinita. Una negra nube brota en el horizonte con el primer resplandor del alba.
  - Por favor, Lu ¡Ahora estamos fuera del Matrix! ¡Vamos! ¡El demonio, mi avatar, se esfumó! ¡Mírame, joder, soy yo, Héctor!
  - ¡Déjame en paz! ¡Tú la has matado!
  - ¡Maldita sea! (El hombre detiene el coche en seco en el borde de un acantilado y la agarra por los hombros, obligándola a mirarle a la cara). ¡Esto-es-lavida-real!¿Lo entiendes?


   
  -  ¡No te creo! (Lu le grita, sobre la cara, mientras intenta escapar de sus brazos).
  -  Cariño, me estás asustando. Cuando me contaron lo tuyo y lo de esa máquina entrometida, no daba crédito... Ellos me enviaron a buscarte, a sacarte del Matrix. ¡Estas enganchada todavía al software, Lu! ¡Despierta!
  -  No confío en ti, Kómputo.
  -  Esta bien...¿Estás segura que todavía andamos en el juego que nos implantaron, y crees que todavía soy tu enemigo? ¿Piensas que he venido para eliminarte, verdad?, ¿Qué todo ésto no es más que una treta para evitar que sigas escribiendo nuestros destinos? ¿Estás segura?
  - ¡Sí, sí! 
  - Entonces, a lo mejor... (el hombre agarra con fuerza la palanca de cambio del vehículo y la coloca en la primera posición de la marcha), a lo mejor, digo, si estás en lo cierto y estamos en el juego, podemos probar caer desde una altura de cien metros. ¡Nada hay que temer! ¿Verdad, cariño? Con un poco de suerte, algo nos tendrá deparadas tus aventuras para salir con el "y fueron felices". ¿Nos arriesgamos, Lu? ¿Que me dices, maldita sea?
  Lu coloca la mano sobre la de su compañero y ayuda a colocar la marcha, mientras le reta con la mirada. El vehículo arranca con fuerza y dos segundos después, recorridos unos metros, para en seco, para volver a coger carrera, esta vez marcha atrás. De repente el coche, parece flotar en el aire, durante una pequeña fracción de segundo, a Lu le pareció como si...Y sin embargo, la ilusión desaparece, en la caída libre, descendiendo el cubículo, como un pequeño animal liberado por los aires de las garras del águila, mientras Kómputo, con los ojos cerrados, mantiene la cabeza de Lu agarrada fuertemente con ambas manos, para besarla apasionadamente.

  Continuará... 

martes, 29 de enero de 2013

Hoy comienza todo: Historia de un secuestro. Capítulo I.

"Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta". Ralph W. Emerson (1803-1882) Pensador estadounidense.


L'Aldosa de la Massana. Andorra.

    La mañana del 30 de enero de 2015, en el pequeño y apacible pueblo de L'Aldosa, en las montañas de Andorra, donde la vida pasa como un susurro y sus habitantes cosen sus días, unos tras otros, sin sobresaltos ni acontecimientos destacables, una misteriosa noticia que ocupa todas las portadas de los periódicos, sorprende a los aldeanos. La desaparición de una conocida residente, la escritora Lu García, sacude a unos vecinos, que en los días siguientes, serán interrogados por la policía. 
  Ya había transcurrido una semana desde que la asistenta de la escritora había descubierto la casa revuelta y una hoja de libreta, manuscrita a lápiz, sobre la cama, donde se podía leer la palabra, S.O.S, cuando en dependencias policiales, se interrogaba al principal sospechoso y vecino de la desaparecida, un tipo misterioso llamado Levián Venozza. 


Levián Venozza y el inspector J. Eslava durante el interrogatorio 
en la comisaria de Escaldes-Engordany.
  Inspector: Bien, Venozza, dices que en el momento de la desaparición, a eso de las ocho de la tarde, estabas en tu casa, escuchando la radio, pero un vecino afirma, que había pasado por allí a esa hora y no había luz en el interior...
  Venozza: ¿Desde cuando es un problema estar en casa con la luz apagada? Tenía un fuerte dolor de cabeza, sufro migrañas, así que estuve en el comedor, estirado en el sofá, escuchando la radio, a oscuras. 
  Inspector: ¿Alguien puede corroborar eso?
  Venozza: ¡Sí claro! ¡Las gallinas! ¡Por supuesto, que no! ¡Joder, inspector! Este es un pueblo pequeño, no hay ningún lugar por aquí cerca para divertirse, hacerse ver, ligar y esas cosas, ya me entiende, por aquí no es fácil hacer amigos y traerlos a tu casa...Después del trabajo cada uno se encierra en su madriguera, y si eres un ermitaño como yo, siempre llegas solo, como una rata. Lo único que se puede hacer, por la noche, es matar el tiempo, hasta que vuelve a amanecer y el disco arranca de nuevo, como cada día y vuelves al puto trabajo, hasta que llega otra vez la noche...
  Inspector: ¡Déjate de historias! ¡Tenemos pruebas, Venozza! ¡Sabemos que has sido tu! ¡¿Que has hecho con la mujer?! (se levanta y agarra por el pelo al detenido)
  Venozza: Yo no he sido. ¡Suélteme!
  Inspector: Entonces, ¿quién se la llevó?
  Venozza: Nunca me creería...
  Inspector: Prueba.
  Venozza: Se trata de un juego.
  Inspector: ¿Un juego? ¿Quieres decir que todo esto no es más que un maldito juego?
  Venozza: Yo era su amigo...
  Inspector: ¿Por qué hablas de ella en pasado? ¿Está muerta?
  Venozza: ¡No me interrumpa! ¡Joder!
  Inspector: Esta bien... Eráis amigos...
  Venozza: Sí. Buenos amigos. Ya sé que no me cree porque no soy de su clase, al menos, no de los tipos con los que ella solía relacionarse...
  Inspector: ¿Cómo de amigos? ¿Muy amigos? ¿íntimos?
  Venozza: No es lo que usted piensa...¡Vamos, inspector! ¿Es que no cree en la amistad entre un hombre y una mujer? ¿Tiene que haber sexo, siempre?
  Inspector: Vale. Entonces,...¿Qué clase de amigos eran?
  Venozza: Ella era una persona con la que yo podía pensar en voz alta...Nunca me había pasado... Podía confiar en ella, siempre. 
  Inspector: Y la señora García, ¿también confiaba en usted?
  Venozza: Sí.
  Inspector: ¿Que decías de un juego?, ¿Qué juego?
  Venozza:  Se nos fue de las manos, ¿sabe?. 
  Inspector: Pero, ¿a qué clase de juego te refieres? ¡Explícate!
  Venozza:  A ver si lo puede entender. Los tres llegamos a 
L' Aldosa para escribir el destino de quince personas. 
  Inspector: Espera, espera un momento...¿Quién es la tercera?
  Venozza: Una máquina. Un cacharro del siglo XXV. Tránsito Roja. 
  Inspector: ¿Qué me dices? ¿Una máquina? ¿Te refieres a los restos de chatarra que encontramos esparcida por la casa?¡Estás como una puta cabra! ¿Lo sabías?
  Venozza: ¡Ya le dije que no me creería! Y ellos cuentan con eso. ¡Saben muy bien que aunque consigamos salir de esta mierda, nadie nos creerá!.
  Inspector: ¡Vale! Está bien. Sigue. Hablame de esas quince personas y a lo que quiera que juguéis.
  Venozza: Todo comenzó cuando fuimos elegidos para un experimento con juegos implantados. No se si tiene conocimiento del tema, ya sabe, chips cerebrales y ¡pum! ¡Vives la aventura de tu vida! Decían que era mejor que cualquier droga conocida, mejor incluso que el sexo, y servía para huir de la rutina, para viajar hasta el infinito...Eramos 
un grupo (ríe) bastante desesperado, ¿sabe? Todos muy distintos; los unos estaban insatisfechos con una vida de mierda, otros huían de su pasado, otros de su presente, y algunos buscaban fantasmas en la niebla...En fin, ese maldito matrix era nuestra única esperanza, perfecto para alcanzar nuestros sueños, una esperanza inexistente después de la gran crisis...
  Inspector: Y que me dices de Lu. ¿Donde encaja ella?
  Venozza: Lu, era guionista. Trabajaba para la Corporación, en la poderosa industria del juego implantado, y junto a dos compañeras, se encargaba de escribir el guión de los Matrix, según lo que cada cliente contrataba. Hasta que un día, su hijo tuvo un accidente y decidió traspasar al otro lado, para conocer a alguien que cambiara los acontecimientos... Pero todo se le fue de las manos...(Baja la cabeza y se cubre la cara con las palmas). Y en el momento que subimos a ese maldito tren... Nada fue como nos prometieron. Cada uno de nosotros luchábamos para sobrevivir, por volver al guión, pero se nos obligó a actuar según nuestros instintos más básicos. Hasta que ahora, cuando todo estaba a punto de acabar, alguien secuestra a una y a la otra, la convierten en una lata prensada. Quizás a Lu le corten las manos, ¿sabe?, para no escribir una sola linea más...Y todo acabe aquí...Todos tenemos un papel.
  Inspector: ¿Y cuál representabas tú?
  Venozza: Uno de los más terribles. Según decían era mi identidad inconsciente.
  Inspector: ¿Quién la ha secuestrado, Levián?
  Venozza: Alguien que piensa que la muerte, no es suficiente para acabar con el enemigo, si no que hay que jugar y divertirse primero. Por eso se la ha llevado. El gato seducirá al ratón, ya casi lo ha conseguido...
  Inspector: Pero, me hablas como si...¿donde estamos, ahora, Levián? ¿En el juego?   
  Venozza: ¿Usted lo sabe?... Yo tampoco.


  
Continuará...

domingo, 27 de enero de 2013

En el infierno también crecen las margaritas. II parte



  Tránsito: ¡Fuera de la ventana, Lu! ¡Apárta de ahí! 
¡Nos ha visto!
  Las mujeres se tiran al suelo, asustadas, bajo el ventanal que da a la diminuta plaza de piedra. 
  Sentadas una junto a la otra, se miran fijamente.
  Lu:  ¿He sido yo, verdad? He traído aquí a ese demonio de Kómputo.
  Tránsito: Pasé toda la noche despierta. Viviendo contigo lo que soñabas. Le has dejado entrar.
  Lu: Quizás, le soñé porque le...
  Tránsito: ¡Cállate! ¡No sabes lo que estás diciendo!
  Lu asoma lentamente la cabeza queriendo alcanzar la cabina telefónica con la vista, pero una gruesa sombra le dificulta la visión. Entonces descubre a Kómputo, tras el cristal, cómodamente sentado en el alféizar de la ventana, sonriendo serenamente, con los ojos en negro, profundos y amargos, como un toro imprevisible. Apoya el hombro en una de las hojas del cristal y éste cede a su presión, como si se tratara de una cortina. Tránsito, ante el inminente peligro, recoge del brazo a su protegida, le ayuda a levantarse y muy lentamente caminan hacia atrás, sin dar la espalda al demonio. Kómputo sonríe. Ya está en el interior de la habitación. De pie, junto la ventana, empuña un bello ramo de jóvenes margaritas, blancas y amarillas, bañadas en el rocío de la mañana. 
  Kómputo: Vengo en son de paz. Estas flores son para ti, Lu. En el infierno también crecen las margaritas, amor mío. Te he echado tanto de menos...
  Tránsito: ¡Vuelve a la mierda de donde has salido, Kómputo! ¡Vamos, lárgate!
  Kómputo: Y yo que venía de buen rollito...
  Apenas acabada la frase y de un movimiento grácil, el hombre traspasa con el puño cerrado la frente de Transito, abre la mano, grande y fuerte como una garra, en el interior de la cavidad, y le arranca el cerebro, sin dificultad, apenas ella pudo sentirlo, tan solo un leve dolor de cabeza, una ligera convulsión, ocurrió durante una fracción de segundo, como todo lo imposible, sin tiempo de pestañear, de asimilar o de huir, cuando la bella máquina, de rodillas, escupió un hilillo de sangre, la más roja que la escritora había visto jamás. Las flores cayeron al suelo, Lu observó la imagen, incomprensiblemente, a cámara lenta, éstas se dispersaron, los delicados pétalos doblegaron su fragilidad en el impacto, cuando su compañera y amada Tránsito, estaba siendo alzada, sin vida. Kómputo le agarraba triunfal como si fuera un carnero, sobre su cabeza. Todo ocurría tan rápido y sin embargo tan ralentizado, como una blanda y monstruosa pesadilla.
  Kómputo: Entonces se alzará, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día. Entonces se salvarán los que de tu pueblo estén inscritos en el libro. Las muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán.
  Y tras decir esto, arroja el cuerpo de Tránsito violentamente al suelo, aun con los ojos abiertos, cayendo entre las margaritas, a los pies de Lu. Segundos después cierra sus inmensos discos oculares dorados, no sin antes dedicarle la última mirada a ella; la más tierna, la más cálida y dulce de las miradas, comparable solo, con un gesto humano.  
  Lu: ¡Noooo!
  Kómputo: Deja de llorar. No era más que una máquina.
  Lu: ¡Era mi amiga! ¡Mi compañera! ¡Maldito seas, Kómputo!
  Kómputo: Una vez, en el Eterno Presente, no pensabas así de mi. ¿Lo recuerdas? Mientras te hacía el amor, me dijiste que me amabas.
  Lu le mira aterrada, junto al cuerpo de Tránsito, pero parece no escucharle. Llora en silencio, mientras sujeta la cabeza de la máquina en su regazo y le acaricia la mano.
 Kómputo, se dirige a ella desde la puerta. 
  Kómputo: Vamos, Lu. Levántate. Te estoy esperando.
Hoy comienza todo...
   Continuará...
  
Y en el próximo post: 
"Historia de un secuestro por amor".



sábado, 26 de enero de 2013

En el infierno también crecen las margaritas. I parte



Tránsito Roja.
  Una mañana temprano fría y descolorida como una postal en sepia, Tránsito ha pasado la noche en vela frente al ventanal de la buhardilla, de pie, inquietante robot y más máquina si cabe, porque así lo ha decidido, sin disimulos ni hostias. A través de sus ojos la vida es otra: Por la mañana niebla blanca como un algodón que tapona piadosamente la herida del día que sangra en blanco y negro. Según clarea se va levantando y todo tiene un brillo amarillento y viscoso como la piel de la serpiente recién muerta, con su altanería desparramada por toda la viscosidad brillante, dándole resplandor a las cosas muertas. Tan muertas como ella. 
   Ahora, tras ocho horas de inercia, gira lentamente sobre sus talones. Va al final de la habitación hasta llegar a los pies de una cama. Se agarra con ambas manos a la delgada barandilla de hierro que le separa de su compañera, la escritora Lu García y la observa mientras duerme. Le sobre estremece su indefensión, sus propios impulsos le asustan y se retira dos pasos. Suspende el programa que había arrancado. Se detiene a mirarla con afición, aunque no sepa discernir en qué consiste la hermosura de sus partes. Cuando se ve dentro de ese magnifico templo, que son los sueños de su protegida, y dirige la vista hacia sus aventuras plenas de arcos y bóvedas sobre el aire, se pasma y se admira de ver el sosiego con que están naciendo tantas lineas escritas que decenas de capítulos serán y que tantos leerán. ¡Qué arte es éste que así se hace, desde los sueños, y voltean miles de escenas, entre columnas sosegadas, vestidas de tinta, racimos de letras de mil piezas sin que alguna se disuelva, ni separe de su lugar, formando con ellas unos caminos inescrutables. Aventuras para vivir, no exentas de su inocencia ni su riesgo, ni su adicción. El precio a pagar.
  
  Tránsito: ¡Lu, levanta! ¡Vamos, sal de la cama!
  Lu: ¿Umm? Déjame en paz...
  Tránsito: ¡Se acabó!
  Lu: ¿De qué estás hablando? Quiero dormir un poco más... estoy soñando.
  La máquina arroja una bolsa de deporte vacía a los pies de la cama donde aún descansa la escritora.
  Tránsito: ¡¡Qué te levantes de una vez!! ¡¡Ahora!! ¡¡Nos vamos!!
   Arranca de un fuerte tirón la sábana tibia que descansa sobre el cuerpo de la mujer y la deja desnuda ante su insistencia. Lu se incorpora rápidamente para agarrar la tela de un extremo, se cubre y vuelve a tumbarse. Cierra los ojos de nuevo.
  Lu: Veo que has perdido la cabeza...Sí... Te estás haciendo vieja...
  Tránsito: ¡Esta bien, tú lo has querido!
  La máquina se dirige a grandes zancadas hasta el vestidor, arranca algunos cajones de cuajo, atrapa unas prendas y las va introduciendo sin miramientos en la bolsa de deporte. Después abre de par en par las puertas de dos armarios, una de ellas cae estrepitosamente al suelo tras arrancarla de su bisagra, mete los brazos y con ambas manos alcanza a estirar fuertemente de la ropa para descolgarla. 
  Lu salta horrorizada de la cama, quiere alcanzarla, mientras en la carrera se va cubriendo el cuerpo con una camisa de margaritas bordadas. Sabe por propia experiencia que las máquinas, a veces, son impredecibles, incluso aquellas que están a tu servicio y tiene miedo. Desde la entrada, dejando una distancia prudente, Lu grita desesperada que pare, que lo deje. La androide se detiene, obedece y la mira durante unos segundos. Después da unos pasos menudos hasta colocarse a dos centímetros de su compañera. A la escritora le embarga un gran terror.  
  Tránsito: Ya hemos hecho todo lo que tú querías. Me he quedado a tu lado para aconsejarte, para enseñarte a sobrevivir en el infierno. A fin de cuentas, tienes suerte, ¿no? Solo a uno le dan la oportunidad de conocer a alguien como yo, y la lotería te tocó a ti. Pero eso tiene un precio, guapa. 
  La máquina acorta distancia todavía más. Lu casi puede sentir su respiración, si la tuviera, su aliento, si este existiera... 
  Ahora su compañera la agarra por el brazo y la arrastra hasta la ventana.
  Tránsito: ¡Mira! 
   Lu: Me haces daño, Tránsito...
   Tránsito: ¡Qué mires, joder, te he dicho!
   Lu: ¿Adonde? ¡Me estás asustando!
   La androide suaviza sus gestos. Intenta controlarse. Disimula su excitación.
   Tránsito: Tu querida cabina telefónica.
   Lu: ¡Dios mío! Pero...¿Qué he hecho, Tránsito?
  
  
  Continuará...

viernes, 18 de enero de 2013

Desear No Es Querer...

  "Desear no es querer. Se desea lo que se sabe que no dura. Se quiere lo que se sabe que es eterno" Jean-Jaques Rousseau. (Polímata 1712-1778).



   La escritora Lu García y su compañera mecánica, Tránsito Roja, recostadas en la cama disfrutando de una película clásica una noche blanca de mediados de enero.  





  Lu: Preciosa película, ¿verdad?
  Tránsito: Pues si...
  Lu: Pareces ausente. ¿Qué piensas?
  Tránsito: En Zero.
  Lu: ¿Le echas de menos?
  Tránsito: No.
  Lu: ¿No?
  Tránsito: No como tú crees.
  Lu: Le quieres...
  Tránsito: Es simple deseo. Desear no es querer. Se desea lo que se sabe que no dura.
  Lu: Ya...
  
  Tras unos segundos de silencio...
  
 Tránsito: ¿Y ya está? ¿No me vas a preguntar nada más?
  Lu: Bueno, ya te he entendido...
  Tránsito: ¿Ah, sí?
  Lu: Supongo que tienes una relación de tipo sexual. Una necesidad...
  Tránsito: jajajjajjajjjajjaja
  Lu: Pero... ¿Qué he dicho yo tan gracioso?

  En ese momento, surge la palabra "Fin" en la pantalla. Tránsito agarra el mando entre risas, y apaga el televisor.

  
  Tránsito: Te contaré un cuento... Por favor, arropáme antes un poquito, anda.
  
  Lu se dispone a cubrir el cuerpo de su compañera con el nórdico. Tránsito le sonrie. Mira a través del ventanal y llega hasta la cabina abrigada con una gruesa manta de nieve.
  
  Tránsito: "Cuenta Esopo, un escritor de fábulas de la Antigua Grecia, que en épocas antiguas, cuando los hombres podían tener varias esposas, un varón de mediana edad tenía una mujer vieja y otra joven. Las dos lo querían mucho a su manera, y cada una de ellas deseaba que el hombre tuviera una edad parecida a la suya. El cabello del hombre empezó a encanecer con el tiempo, poco a poco. Esto no gustaba a la mujer joven porque lo hacía demasiado viejo para ella. Así que todas las noches lo peinaba y le arrancaba todas las canas. La vieja, en cambio, veía complacida cómo el cabello de su marido, encanecía, ya que a ella no le gustaba que, a veces, la tomasen por su madre. Por este motivo, todas las mañanas lo peinaba y le arrancaba todos los cabellos negros que podía. La consecuencia es fácil de adivinar. En poco tiempo la cabeza de aquel hombre se quedó sin pelo".
  
  Lu: Supongo que esto significa, que si quieres complacer a 
todos, no complacerás a nadie...
  Tránsito: Eso mismo, sí.
  Lu: ¿Y qué demonios tiene eso que ver con "desear" y "querer"?
  Tránsito: ¡También se concluye de esta historia, que las dos mujeres, sólo deseaban! ¡Ninguna le quería!
  
  Lu ataca a la androide propinándole un golpe con la almohada en la cabeza.  
  
  Lu: Máquina lunática...¿De donde deduces tu eso?
  Tránsito: Piénsalo bien, Lu. Esas mujeres se pasaban los días tratando que el hombre se convirtiera en lo que ellas deseaban. Eso se convirtió para ellas en lo más importante. ¡Cuántas cosas se perdían por el camino! Se les pasaba por alto, la aceptación. Querer, es recibirle, acogerle tal cual es, porque cuando menos te lo esperas...de efímero pasará a inmortal.
  Lu: ¡Aha!...
  Tránsito: Ahaaaa...
  
  Y tras unos minutos de silencio...   

  Lu: ¿Sabias que la felicidad consiste en no desear nada?

 Transito:  Pues eso lo tengo difícil...En la cocina me espera un cubo de helado...

  Buenas noches, Reader.




                                  Para T.M. con todo mi corazón.

sábado, 12 de enero de 2013

La intuición vehemente.


  
  Eran las doce en punto de la medianoche.    
  En aquella estación de humo, los minutos parecían cosidos al paisaje lunar. Llegaron hasta allí los participantes del experimento; algunos con el alma en vilo, otros con un agudo dolor de estómago, amordazados por sus propios temores, cada uno mareado de tanta incertidumbre y salieron de los vehículos a desentumecer las piernas y a refrescar el pensamiento. 
  Quince personas aparecieron en los muros del mundo, ciñéndose al cuello la horca de lo incógnito, disparándose al pecho la aventura a quemarropa, comprometidos hasta la muerte con el Eterno Presente: un tiempo artificial, engendrado en los laboratorios de la Corporación. 
  Eric Weiss y Pol Quevedo, ingenieros del software y padres del Matrix, Vivir sin nubes, estaban listos para convocar al Todo, como se llamaba al personaje que les llevaría hasta el interior del tren. Había llegado la hora de volver a luchar contra uno mismo, y ganar la batalla. Las pruebas piloto que se hacían con seres humanos, nunca estuvieron exentas de peligrosidad, y en muchas ocasiones, salían mal. Pero todos eran conscientes de las reglas y de los riesgos. No obstante, valía la pena jugar para intentar cambiar sus pasados y presentes podridos, extirpando desde dentro los problemas. Eso era infinitamente mejor que enfrentarse al día a día. Una vez embarcados hacia lo indivisible y lo irreversible, el archivo injertado, no era posible apearse de la aventura, hasta llegar al destino. Un lugar, casi comparable solo con la vida submarina, con cardúmenes de pez menudo, rayas ondulantes y morenas sinuosas, y un ancla antigua, tan pesada como una montaña, que aplasta los pies, al que se le ocurra escapar. 
  El miedo era esa punzada, para algunos rápida, para otros sabiamente lenta y prolongada, con una voluptuosidad hecha de experiencia, tras su vivencia en Nueve Mundos, el anterior Matrix que aún coleaba como un pez moribundo en sus recuerdos. 
  Eric y Pol, encabezaban la fila. El Todo apareció en la figura de un anciano de pelo blanco, robusto, de rostro afable y mirada azul cielo. Para entonces el grupo de los quince, ya estaba en la linea de salida, puros e inocentes, como niños. Y uno por uno, fueron arrancados de la realidad que guardaban en el fondo de sus bolsillos, para embarcarse en otra, ni más buena, ni más mala, sino, increíblemente más emocionante, armados de lo único que les podía salvar la vida durante el viaje: La intuición. Algo que envidian máquinas y androides, y que a algunos, les mantendrá al filo de la vida.


Todo, el Matrix, con uno de los jugadores.


Vivir sin nubes, segunda parte de la novela, Nueve Mundos, el origen. Próximamente.






                                ¡Feliz fin de semana, Reader!
                                       
  

lunes, 7 de enero de 2013

La condena de quererte como a mi mismo. Historia de una amistad.

  La máquina extraterrestre, Tránsito, natural de Titán y la escritora Lu García, bailan agarradas frente a la chimenea, una noche serena de principios de enero. 
  


  -  Hacía tanto que no bailaba así, Tránsito...
  -  Ya me imagino.
  -  Me encanta bailar con un hombre que no deja de apoyarse en mis ojos, como si quisiera descubrir de mi tanto como de sí mismo...
  -  ¿Qué?
  -  ¡Qué sabrá una máquina de esas cosas!...Tú sigue bailando...
  -  ¡Pero yo no soy ningún hombre!
  -  ¡Ya lo sé, tontarrona! ¿Te pasa algo en el programa, Tránsito?-protesta la escritora mientras se distancia levemente de la androide para poder levantar cómodamente la vista hasta sus hermosos ojos dorados-. Parece que estás perdiendo eficacia...
  -  Ya sabes que yo hago lo que tú me pidas. Pero esto me parece un poco fuerte...Con todos mis respetos, la reclusión te está pasando factura. Me das miedo.Tienes que salir más.
  -  ¡Oye!- exclama la escritora soltándose bruscamente de los brazos mecánicos de su compañera.
  -  Vale, vale...Venga, sigue moviéndote.
  Tránsito la tranquiliza mientras la atrae hacia sí. 
  De nuevo en posición. Comienzan los pasos de baile.  
  -  ¡Si al menos pudieras convertirte en quien yo deseará, entonces servirías de algo! 
  -  ¡Oye!- exclama la máquina soltándose bruscamente de los brazos humanos de su compañera.
  - Vale... 
  Lu le sonríe mientras la atrae hacia su cuerpo. 
Una vez más en posición. Arrancan de nuevo los pasos de baile.
  -  No se tú, Tránsito, pero me estoy imaginando...
  -  Qué soy un tío, ¿no? 
  -  ¡Oye!- exclama la escritora soltándose bruscamente de los brazos mecánicos de su compañera.
  -  Vale, vale...
  Tránsito la tranquiliza mientras la atrae hacia sí. 
  Por tercera vez intentan colocarse en posición, pero Lu, harta de lo mismo le propina un fuerte empujón y con gran crispación se aleja del salón dejando tras ella una estela de frases inteligibles para Tránsito. 
  - ¿Adonde vas, cariñitooo?- le pregunta sarcástica.
  -  Vete a la...
  Al poco rato la escritora se pierde de vista.  
  -  Tienes razón, Tránsito. Dos mujeres bailando música lenta...Siempre me pareció patético. Perdona- vocifera desde la cocina-. La verdad... ¡No sé como se me ha ocurrido la tontería de bailar como un par de solteronas viejas!. 
   Tras unos minutos Lu vuelve a la sala sosteniendo una bandeja con dos humeantes y aromáticas tazas de té. Es entonces cuando, con gran sorpresa, descubre a un hombre guapísimo pegado a un robusto brazo, y apoyado en la repisa de la chimenea tranquilamente. Ante la enorme sorpresa, la bandeja cae estrepitosamente al suelo, las tazas revolotean por los aires y terminan por hacerse añicos tras el violento impacto. La porcelana desaparece bajo los muebles, disparados, como pesada metralla, en todas las direcciones. 
  El hombre no se inmuta. Sonríe ampliamente. Estira el brazo y la invita a acercarse mientras la melodía continua sonando mágicamente...
  -  Qué, ¿vienes o no?
  -  ¿Tráaaansitooooo?
  La máquina le sonríe dulcemente, ahora, convertida en Brad Pitt, mientras la atrae hacia sí. 
  De nuevo, en posición. Comienzan los pasos de baile.  
  -  Nunca me subestimes, querida-responde Brad.
  Lu no puede evitar derretirse en sus brazos, lentamente.
  -  Pero, ¿Qué has hecho, loca?-pregunta ensimismada.
  - Ahora mejor, ¿no?
  - ¡No!- exclama intentando no ahogarse en su propia baba.
  -  No hay quien te entienda, la verdad...
  -  ¿Por qué haces esto?-musita Lu totalmente mansa, hundida en el pecho del hombre.
  -  Por amistad.
  -  ¿Cómo? ¿Tanto valoras mi amistad, Brad?, digo, Tránsito...
  -  ¿Qué es para ti, la amistad, Lu?
  -  Bueno, como dijo Hubbart, un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.
  - Sí...Y Bacon dijo al respecto también, que La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.
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  -Entonces...
  - Entonces, llámame Brad, sólo por ésta noche...
  - ¿Aha?
  -  Aha.  
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sábado, 5 de enero de 2013

El amor es una bellisima flor.

"El amor es una bellisima flor, pero hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio". 
 Stendhal (Escritor francés 1783-1842).


  Tránsito, la máquina y la escritora, Lu García, sentadas frente a la chimenea en sendas mecedoras una noche serena de principios de enero.


  - ¿Y tú que piensas? 
  - Sí, sí, una bella flor, pero... cómo dice F. Heumer, el amor tiene un poderoso hermano, el odio. Procura no ofender al primero, porque el otro puede matarte.
  - Ya... 
  - Es el amor, con sus luces y sus sombras...
  - Como todo.
  - Como todo, sí...
  - Oye, Tránsito, ¿la ilusión, influye? 
  - ¿La ilusión? ¿En el amor?
  - Aha...
  - Mira, te contaré una historia pero antes echa otro palo de esos al fuego, por favor...
   Lu hizo lo que le dijo la máquina. Después atizó el fuego y una hermosa estela escapó del lecho incandescente. Mientras un agradable crepitar dio paso al relato:
       
          "Había una vez un campesino gordo y feo
          que se había enamorado
          de una hermosa princesa joven, inteligente y llena de      
          virtudes...
          Un día, la princesa-vete a saber por qué-
          dio un beso al feo y gordo campesino...
          y, mágicamente, éste se transformó
          en un esbelto y apuesto príncipe".
  
           (Por lo menos, así lo veía ella...)

           (Por lo menos, así se sentía él...) 

  - ¡Aha!
  - Pero Stendhal aquí, Lu, quiere referirse al riesgo. Hay que Arriesgar para Amar. Hay que Amar y Arriesgarse. Hay que querer Morirse uno de Amor...Y caminar hasta el borde del precipicio, y aun intuiendo el desastre y el perjuicio que ello pueda ocasionar, aun así, tener el coraje suficiente para doblegarse al vacio, estirar la mano e intentar alcanzarlo. ¡Porque en el simple transcurso de ese acto, yo ya me sentiré Feliz, Ilusionado, Esperanzado, Alegre y Vivo!. 
 - Eso está muy bien. Pero no me garantiza conseguir el amor por el que tanto arriesgué...
 - Entonces, quizás sólo era una Prueba para salir de tu Cobardía. Quizás, ese amor, solo era una ilusión. Pero...
¡Vuelve a sentir ese coraje!¡A descubrir la felicidad! ¡Vuelve para recoger una nueva flor! ¡Nunca dejes de intentarlo!
  -Aha...
  -Aha.
  

martes, 1 de enero de 2013

¡Tiempo, el mismísimo diablo!

Burlar al tiempo: es la filosofía de mi próxima novela, Vivir sin nubes.

¡Dios!¡Si ya ha pasado un año! El tiempo no corre ni vuela. 
¡El tiempo azuza! Trastorna el cuerpo y la mente; nos empuja y engaña, nos confunde y desata a través del devenir de la historia. Él, impacable, es el océano, los días, son barcos y nosotros los pobres marineros. Y ahí vamos, ilusionados, esperanzados a pesar de intuir las mareas y las tormentas que irremediablemente han de venir, pero valientes ante la imprevisibilidad de la vida, dóciles y resignados ante la bella aventura de vivir.
 Comienza un nuevo año. De nuevo, el descenso a los abismos de la vida. Trescientos sesenta y cinco páginas por delante: blancas, virginales,sorprendentes. Y tu eres el dueño del puño que las habrá de escribir, no lo olvides. 
  El descubrimiento de nuevas ilusiones, proyectos y aventuras, será un cálido útero donde refugiarte en tus días nublados.
  ¡Qué bella es la vida! ¡Qué emocionante es vivir! ¡Qué ilusión albergar nuevos retos! ¡Tu eres únic@! ¡Inténtalo!, ¡Lucha por tus sueños! Porque los limites solo los ponemos nosotros.¡Arriesgarse es ganar! 
 ¡Desde hoy Borrón y cuenta nueva, Reader! 
  Y no te olvides de escribir tus propias aventuras. No dejes que nadie lo haga por ti. La libertad es lo más preciado que tenemos.


  
   
           ¡Un abrazo, y FELIZ AÑO NUEVO!