De qué va.

Primera novela de la trilogía Mentes mecánicas.
Vivir sin nubes, la segunda de la saga, en plena edición.

NOTA: Los relatos que forman parte de este blog, en su gran mayoría, NO tienen nada que ver con la historia central de Nueve Mundos, el origen, salvo algunos de sus principales protagonistas que comienzan a interactuar a su aire y permite a esta escritora llegar, además del público juvenil, a una franja de lectores más amplia.
Para leer la SINOPSIS de N.M. o la BIOGRAFÍA y fotos de la AUTORA, baja hasta el final de la página.

¡Ciencia Ficción, Sí Gracias!


lunes, 30 de abril de 2012


  Al derecho dice RomA, al revés, AmoR. I parte.



  

  Ciudad de Roma, sábado 28 de abril de 2012  23:55h.
   
  Resulta difícil de creer cualquier pequeño detalle de la jugosa vida de la escritora Lu García. En parte porque lo más inverosímil de la historia de esta mujer, que comienza a conocerse a partir de su encontronazo con una máquina del siglo XXV llamada Tránsito, es que todo ocurre en el devenir de la vida real. Se trata de un rebozado crujiente de relatos verídicos, aderezado de una naturalidad cremosa de historias sorprendentes, tremendamente apetitosa, adictiva y del todo recomendable. 
  Nadie en su sano juicio podría tragarse una historia como esta: Máquina del futuro contrata a escritora inexperta y mujer de dudosa procedencia parenteral, imaginativa radical y mística aventurera, a quién obliga a escribir sus memorias. Al principio, la mujer se niega, reniega de su suerte pensando que todo forma parte de una pesadilla con altos índices de mala leche. Más tarde doblega su voluntad, se domestica y supedita a las aventuras que finalmente es la androide quién escribe para ella. Accede poco a poco a ser una muñeca de trapo arrastrada por  impetuosas aguas alienigenas.   
  Tránsito, la máquina, sabía muy bien lo que hacía cuando la escogió. Desde que Lu era una niña se la consideró una pequeña diferente, despistada, perdida en un mundo de fantasía, de laberintos impenetrables, amiga de personajes imaginarios que guiaban su vida y la mantenían flotando a dos metros por encima de la Tierra. 
  Transcurría su adolescencia entre la escuela y las interminables visitas a salas perfumadas de ambientador barato: despachos de reconocidos psicólogos y psiquiatras, que jamás consiguieron penetrar, por más que insistieron, en su fantástico mundo interior. Ella imaginaba a esos oscuros médicos como villanos con lanzas; enmallados y enmascarados de ojos de fuego, que envestían una y otra vez contra la muralla que ella había levantado alrededor de su mundo. Lu, sonreía. Y en cada visita a las mazmorras de la locura, más se hundía en su fantasía, más se disparaba su imaginación y se reforzaba, en cada sesión, su espíritu de la invención con una costura doble de letras y cuentos.
  A los dieciséis ya nadie era capaz de sujetarle el alma de la invención, de arrancarle el olfato para la alquimia de las palabras.  
  De adulta, Lu García había escogido la mejor manera de cocinar a diario lo que almacenaba en su cabeza. La olla a presión no tardaría en explotar con aquel potaje sin fin, que llenaba siempre el estómago de familiares y amigos, y que si no iba destilando, aunque fuera poco a poco, la conduciría a una locura Quijotesca. 
  Una persona con sus antecedentes mentales, contadora de historias para más inri, no se la creería nadie. Tránsito sabía que si fuera a la policía con el cuento de que una máquina del futuro la obligaba a trabajar doce horas diarias para escribir sus sorprendentes memorias, la echarían de allí con unas risitas y una recomendación para el loquero de guardia.  
  
  Tránsito observó a la escritora. La máquina, imantada en el ala del Airbus A340 donde viajaba Lu la noche del sábado 28 de abril, estaba a punto de aterrizar en la Ciudad Eterna. 
  Repasando sus últimos años con ella, le asaltaron todos aquellos recuerdos que le abrieron las ganas de sonreír, aunque eso no lo iba a conseguir fácilmente, debido a una tara de fabricación, así que solo torció la boca hacia un lado. Y se imaginó a sí misma dibujando una amplia y blanca sonrisa. 
  Pronto llegarían a Roma. Y le tenía algo reservado. Una historia de amor para No dormir...   
  
  Continuará...
    



viernes, 27 de abril de 2012

4 kilómetros.


  




  Volvía a casa por la carretera que une la Massana con Anyòs y L'Aldosa. Un pequeño afluente asfaltado, una intensa ascensión de caracola que se perfila paso a centímetro bajo la atenta mirada de crestas y valles. Es esta una ruta que me emociona: ¡Y es que durante cuatro kilómetros, soy del aire! Del aire de tristeza que viste a casas y parajes, del aire de elegancia con el que se mocea frente al azote constante del tiempo, del aire ingrávido que mantiene su equilibrio natural, soy del aire desgarbado de su firme irregular y del aire principesco de sus caballos encantados.
  Volvía yo a casa conduciendo por la carretera de un bosque, cuando sentí la emoción de Vivir. Y se me vino encima una montaña de ánimo, un alud de esperanza, una descarga de alegría, una llamarada de hermandad, una bocanada de buenos sentimientos. Sencillamente fui engullida por una ola de amor: El Devenir de La Vida.  
  Saqué el brazo por la ventanilla y extendí la mano para acariciarla. La naturaleza, con su natural desparpajo, me había sorprendido con un maravilloso regalo: bellas estampas rociadas por mi retina: Ropa sostenida con las pinzas del calor humano, sacudida por el viento y tendida al sol, las crines castañas de los caballos empujadas por el aire, un perro y un gato compartiendo sueño y alfombra, una anciana y su hija caminando de la mano y finalmente, las entrañas de un pueblo mágico. ¡Bella es la Vida! ¡Y bonita es la Tierra y todo lo suyo!
  Entonces la vida, de lo que me ofreció, bebí. Un trago del porrón de la felicidad, bebí.


 Para Fran Romero y Resti Valverde en respuesta a su magnífico regalo.

Gracias a todos por estar siempre conmigo. Un abrazo, Lu.
  

sábado, 21 de abril de 2012

Lu, Robot. Fases de la aceptación.

Fase 1: Dolor.
Fase 2: Incredulidad.
Fase 3: Desesperación.
Fase 4: Resignación.
Fase 5: Desequilibrio.
  - ¿Y ahora, qué?
  -¡Ahora a VIVIR!
  -Esto no tiene sentido...
  -Define "sentido".
  -Y yo qué sé...
  -Menuda futura filóloga de mier...
  -¡Oye!
  - ¡Va, venga! Qué estoy harta de discutir contigo. Te lo diré en dos palabras: ¡Nos vamos!
  -¿Adónde?
  - No es exactamente adónde lo que debes preguntarme, si no hasta adónde...Yo te lo digo, Lu: Hasta donde tu mente te lo permita...

  Buenas noches Reader. Dulces sueños desatados...

El desengaño. II parte.







El Pensamiento y La máquina.

  -Pues que bien, ¿no?
No te creo.
  -No tienes porque hacerlo, Lu. No pasa nada. La gente nunca se da cuenta.
  -¿De qué no se da cuenta?
  - De la realidad. De que sois parte de un guión. Del guión urdido por un Pensamiento. Una arquitrama escrita por nosotros y dirigida por el Pensamiento.
  -No te entiendo.
  -¡Jo, Lu! ¡De verdad! A veces tan lista y a veces tan corta...
  -¡Oye!
  -¿Cuántas veces te lo he dicho, chica? 
  Tránsito, la máquina, la desafió mirándola con cara de inocente. La escritora sabía adónde conducía esa conversación, era imposible no percatarse, por muchos argumentos que tuviera, se los estaba reservando; no quería malgastar pólvora. Mientras tanto, tendría que limitarse al insulto. Respondió con voz áspera e intención cruel.
  -Puedes escribir para mi todas las historias que quieras, liándome con tus tramas, pero sigues siendo demasiado alta para mi vida y demasiado fea para un mono. ¿Por qué iba a importarme lo que tengas que decir?
  -Ayuda a pasar el tiempo en tu tiempo-contestó la androide, inmune a las pullas.
  -No; Lo malgasta-gruñó Lu.
  -Deduzco que no te interesa saber. Siempre imaginas, pero no profundizas. Te da miedo, ¿verdad?
  -¡Tránsito! ¡¿Por qué?! ¡Acabas de llegar y ya estamos igual!
  -Bueno, tienes razón.-Fingió haber comprendido algo de repente-. Al final morís, ¿no? El tiempo debe de resultaros muy diferente, debéis de considerarlo muy valioso. Estar ahí encerrado debe parecer una carga. Si me estuviera haciendo mayor, me molestaría mucho saber el poco tiempo que me queda.
  Coco apareció de repente, envuelta en el Eterno Presente, bípeda, hermosa, dotada de voz, de humanidad, de feminidad; enfundada en racionalidad. Respondió a la escritora, suavemente.




   -Es natural que te sientas como te sientes. Has escrito mucho sobre máquinas. Has relatado decenas de veces como las construían, y sabes que no son más que partes móviles y sistemas de circuitos. Sabes que en realidad, no piensan. Los ascensores que se abren automáticamente no piensan. Un horno no piensa. Un motor no tiene mente propia. Y por eso concluyes que ninguna máquina piensa. ¡Es una vergüenza que ni tu creas en tu propia invención!
  Lu se quedó plantada ante ella, esperando a que rematara su argumento. Parte de su rabia había desaparecido.
  -Mirate el ombligo, Lu- le ordenó con voz áspera Coco.
  La escritora se levantó la camiseta hasta el pecho.Una maraña de cable y circuitos, rojos y azules, los menos dorados, surgieron de la boca del ombligo, avanzaron lentamente como las lombrices y acabaron sobre el vientre. 
  Lu profirió un chillido aterrador.
  -Ya eres de los nuestros.
  Tránsito y Coco chocaron sus manos.
 ¡Ahora puedes seguir escribiendo la historia de los demás!




  "Las palabras son un mecanismo viejo y torpe. Hay un medio más eficiente de transportar el Pensamiento. El Pensamiento me construyó porque podía hacerlo. ¿Y qué pasará ahora? El Pensamiento me utilizará, tan seguro como que te ha utilizado a ti. ¿Y quién durará más, tú o yo? A ver si puedes contestar a eso, humana de Carne y Hueso?. ¿Quién durará más? ¿A quién preferirá el Pensamiento?"
 Con amor, Tránsito Roja.


  -Si pudiera encontrar la placa base que alimenta tu sarcasmo, te la arrancaría.
  -No conseguirías nada. Estoy construida con el hálito de tus sueños...Y en tus sueños, manda él, el Pensamiento.


Y ahora, ¿qué? 
Lu, comprendiendo su nueva naturaleza mecánica, le sacará el máximo provecho. 
 Comienza una nueva serie de aventuras todavía más desconcertantes.
 ¡No te las pierdas! 


  

sábado, 14 de abril de 2012

Treinta días y seis noches. Historia de un desengaño. I parte.




Tránsito Roja configurada con un rostro humano. 
 Después de vivir sin Tránsito treinta días y seis noches (las únicas en que no la había soñado), la escritora decidió traerla de nuevo a casa. No podía resultar tan difícil. Sería cuestión de escribir un capítulo donde ella apareciera, aun sutilmente, en unas cuartillas virtuales, y la androide volvería a su vida. A fin de cuentas ella podía hacer lo que se le antojara con sus personajes, como buena ley de arte, hasta lo más inverosímil o lo que ningún lector esperaría que hiciese...
  Con una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, se dijo: "voy a traer de nuevo a Tránsito, pero voy a recuperarla sin recuerdos, como se vive, sin saber lo que vendrá, como si nunca antes nos hubiésemos visto... 
  Antes de teclear echó la vista a pasear atravesando el cristal del ventanal hasta alcanzar los dos abetos que había plantado meses atrás. Luego llegó al jardín y desde allí reposó la mirada verde moteada de castaño en el banco de piedra donde solía pasar largas veladas con Tránsito Roja, una de las principales protagonistas de su ultima novela. 
  El cielo estaba azulísimo y tan delicioso y fresco que le entraron ganas de bebérselo de un trago.   
  Comenzó a escribir. 
  La vida sin la máquina, sin la polémica e impredecible Transito, le había parecido diferente; las calles de L'Aldosa, pintadas de gris púrpura, ya no relucían como recién lavadas, ni el ejército de farolas, antes sobrias y recatadas como ancianas enlutadas, le mostraban la cara acalorada e iluminada; los árboles estaban profundamente deshidratados, mustios, y las casas: las habitadas; ni latentes, ni oxigenadas, ni rebosaban de la vida que antes poseían como un tesoro natural, en cambio, las abandonadas, parecían resucitar al paso fúnebre de su sombra, alimentadas con la respiración entrecortada, hinchadas con su pena.
  Demasiado tiempo sin ella...Lu se moría. Como escritora se moría, como amiga se moría, como alma, agonizaba. 
  Y esto mismo escribió...
  Entonces, inesperadamente, antes de entrelazar los últimos párrafos, apareció Tránsito, la bella androide transparente como una medusa, ojos de oro y sonrisa torcida, sentada cómodamente sobre una pesada montaña de libros arrimados a la pared, con sus largas piernas cruzadas, las botas de charol rojas relucientes y una pizca de picardía en la mirada. En sus rodillas sujetaba una tableta donde parecía anotar alguna cosa.
  -¡Mi querida niña! ¡Ven a mis brazos, Lu!
  -¡Tránsito! ¡Has vuelto!
  La escritora corrió a su encuentro para abrazarla. ¡Qué ganas tenía de verla!
¡Cuánto la había echado de menos, Dios!
  La androide la recogió por la cintura y la volteó por los aires como hacia su padre cuando ella era pequeña. Sintió la humedad en su rostro, la emoción se le escapaba por los lagrimales y la respiración entrecortada surgía en el aire como pompas grandes que explotaban en suspiros.
  -¡Te hice volver, Tránsito! ¡Lo he conseguido!
  Tránsito la dejó en el suelo.
  -No, Lu. Aunque eso te complacería, no puedo permitir que sigas con esta confusión.
  -¿Qué confusión? 
  - Bueno, he de admitir que casi lo descubres tu sola. A veces llegaste a la antesala de la verdad, pero después tu misma volvías sobre tus pasos, por cobarde, por no atreverte a mirar más allá de la realidad, perdiste de nuevo el horizonte hacia lo maravilloso ¿Por qué los seres humanos teméis tanto a lo desconocido? Aquello que se escapa a vuestra razón, es naturalmente dañino, y lo descartáis por ofensivo a vuestra inteligencia. Yo soy un ejemplo de inverosimilidad latente. Vivo, ¡y de qué manera! Viajo a través del tiempo, os estudio, os observo... 
  ¡Lu! ¡Despierta! ¡Quién escribe nuestra historia, soy yo! ¡Yo decido sobre tu vida!


Continuará...


Feliz fin de semana, Reader.
¡Vuelve, quiero seguir sorprendiéndote! ;)


Lu.


  

jueves, 12 de abril de 2012

Vivir con los Señores del Tiempo: Los nómadas del desierto. Bereberes II parte.

  


  Madre amorosa, África se afligió con el abandono de sus tierras extremas de nuestra expedición. Por toda la cordillera del Atlas estallaban los tambores , se multiplicaban unas brechas, aparecieron cuarteadas carreteras, ríos, arroyos y torrentes se hundieron hacia lo invisible. Sobre los picos cubiertos de nieve, vistos desde mi sueño, se abrió una línea negra y rápida como un reguero de pólvora, por donde resbalaban lágrimas de nieve y desaparecían, con un rumor blanco de pequeño alud. 
Su llanto iba y venía sin descanso, planeando sobre dunas y  valles abarrotados de historia y vejez extrema, de todo cuanto los muchos siglos por allí habían dejado. 
  Es así como demuestras tu emoción al palpar el hilván de nuestros neumáticos cosidos en tu piel.     
 ¡Ahora, que contenta estás! 
 ¡Si hasta sonríes! 
 ¡Si hasta has pedido a la luna que te preste su rostro para llegar a nosotros! 
Y desde nuestras ventanas te veremos nacer, lunera, cascabelera, contenta...Agradeciendo nuestra visita.       

  A mi, quieres doblegarme las manos. 
  Quieres de mí, ya lo se, que describa tus impactantes parajes, tu fragante, intensa y sabrosa gastronomía, que derroche entusiasmo negro sobre blanco, acerca de tu apacible tranquilidad, la ausencia de tiempo, de tus bellas noches con sabor a menta, de atardeceres color canela y amaneceres románticos: ansias que las palabras naden por el aire, sutiles como mariposas, y lleguen tus noticias de pergamino, perfumadas de higo y azafrán, hasta los hombres y las mujeres que aún no te conocen.
  Te obstinas en permanecer firme, sin un estremecimiento, sin una vibración siquiera, hacinada en tu ancestral cultura junto a tus viejos. Y paradójicamente, los jóvenes, secretamente esperanzados en salir, a pesar de estar el cielo limpio, despejado de humos y polución, perfecto y liso azul de primavera, del pozo de sus ancestros que les privan de la modernidad.


Tu reguero de pólvora se acerca a mi corazón, peligrosamente. 
No puedo tomar tus preceptos al pie de la letra sin enamorarme de ti.
Tus recuerdos se abren en mi como una granada.  


Hasta siempre, África.




Dedico este nuevo post, después del rotundo éxito de visitas del anterior, sobre nuestro viaje con Travel Xperience a Marruecos, especialmente a todos los que dejasteis vuestros fértiles comentarios, abono para la pluma mía, y en general a todos los que visitáis este espacio de letras y párrafos.   


Lu.

lunes, 9 de abril de 2012

Vivir con los Señores del Tiempo: Los nómadas del desierto. Bereberes.







Qué extraño. Te extraño. ¿Puede ser? ¡Pero si debimos volver todos juntos!¡Dios! ¡Olvidé mi alma! Colgada la dejé en el alféizar de tu ventana. Se me quedo allí, la muy traviesa, en Africa la dejé: de rodillas a su naturalidad, agachada a su belleza, enamorada de la aventura, seducida por la sencillez, saboreando un té a la menta, embriagada por la brutalidad de sus mercados, liada en la fiereza de los tambores, enredada en las voces de los hombres del desierto, tumbada en la comodidad precaria de las jaimas. 

Al calor la dejé de lenguas de fuego que crecen espinosas bajo la estrella polar, sucumbida por los cantos y los azotes a los cueros tensados, allí me la olvidé. Pero, no tengas prisa, alma mía, por volver. Qué yo ya sé. No es fácil. Derrama emociones. Y convertidos en caminos de plata, caigan por tus mejillas calentadas por el sol implacable del desierto. 

Vuelve cuando quieras, alma mía, que está noche te soñé: Vi que sigues con los pies en el barro del camino, respirando fina arena roja que sedimentos para mi recuerdo son. Sigues sosteniendo la mirada curiosa de los niños, con tu boca dibujando una sonrisa que posiblemente ellos te devolverán. Sigues en las dunas blandas de frente, con la mirada distraída en su flora y su fauna, en sus gentes... 
¡Mamá Africa, tú eres intensa, emocionante e imprevisible. Tú no das tregua. 


Hoy, ya de vuelta, aquí, todo me parece extraño. 
Recógete, alma mía, que no me reconozco. Ni mi casa, ni mi calle, ni mis cosas ya conozco.
¡Volveré!¡Marruecos! ¡Sahara! ¡Africa!
¡Espérame!
¡Yosef! ¡Hadisha! ¡Poblado de Ouzina!
Vuestra "Blanca", no os olvidará nunca...


Lu.




















Gracias a Travel Xperience por guiarnos a través de este viaje solidario y por hacer posible un sueño.