De qué va.

Primera novela de la trilogía Mentes mecánicas.
Vivir sin nubes, la segunda de la saga, en plena edición.

NOTA: Los relatos que forman parte de este blog, en su gran mayoría, NO tienen nada que ver con la historia central de Nueve Mundos, el origen, salvo algunos de sus principales protagonistas que comienzan a interactuar a su aire y permite a esta escritora llegar, además del público juvenil, a una franja de lectores más amplia.
Para leer la SINOPSIS de N.M. o la BIOGRAFÍA y fotos de la AUTORA, baja hasta el final de la página.

¡Ciencia Ficción, Sí Gracias!


lunes, 27 de febrero de 2012

La Mecedora Imprevisible IV


Al día siguiente de aquel 18 de febrero que había comenzado gélido, extraño y dolorosamente profuso, a Lu García, su familia, la había encontrado fría y sin vida sobre una vieja mecedora de mimbre y madera, frente a un montón de brasas desmoronadas. 
  Nadie pudo aclarar el motivo de la muerte y menos aun de la posterior resurrección que tuvo lugar al poco tiempo. El caso es que la mujer apareció en el porche de la casa, ante su familia, el equipo médico y la policía, media hora después de certificar su muerte, con una singular mirada artificial, clara y cristalina, como el de una muñeca, bajo el celofán de su caja. 
¿Qué paso en la Corporación? ¿Tuvo algo que ver con su estado, el encontronazo con Kómputo, General del Ejercito Oscuro?
  Kómputo era un ser depravado moderado. Ascendió al trono de los Oscuros cuando su padre Neharther murió devorado por la bondad humana. Aunque parezca extraño, el derroche de buenos sentimientos imperantes en la época, acabó extinguiendo a una generación de mezquinos, que a pesar de las innumerables molestias que creaban, servían para equilibrar las fuerzas universales. Por entonces la Luz, que había conseguido reclutar a un gran número de seres para sus ejércitos blancos, supo aprovechar la debilidad de los Oscuros, cada día más maltrechos, para asesinar a toda la dinastía, del primero hasta el ultimo, y así asegurarse la supremacía de la Claridad, por los siglos de los siglos. Pero, desgraciadamente para el bien, dos vástagos de entre la decena de hijos de Neharther, lograron salvar la vida. Y lo consiguieron a golpe de sacrificio ajeno, cuando dos esclavos haciéndose pasar por Kómputo y Erither, que así se llamaban los descendientes, murieron aplastados bajo la maza del bien.
  Jamás se supo donde se escondieron los dos supervivientes Oscuros, hasta que aparecieron dominando uno de los hemiciclos del Coliseo de la Corporación. Y es que como bien es sabido, ambas fuerzas, el bien y el mal, han de convivir unidas para así equilibrar lo que está escrito que ha de mantenerse en equilibrio. 
La Claridad comprendió, tras el desastre en su intento de crear un mundo sin maldad, que sin la Oscuridad, los seres no podían amar, ni valorar, ni superarse, ni luchar...Y éstos se volvieron vagos, malcriados y perezosos, hasta que de nuevo, se volvió a permitir al mal azuzar el alma humana. 
Kómputo ahora, hijo del rey de los infiernos, Nearther, estaba frente a la escritora que había escogido la androide Tránsito Roja, para que escribiera sus memorias. 
Lu estaba sola, ante un encapuchado alto y fuerte como un armario.
  -Tienes dos segundos para arrancarte a contestar cada pregunta que te haga. Si pasa más tiempo que ese, por cada segundo que me hagas esperar, haré que te enfrentes a tus peores fobias, una tras otra ¿Lo has entendido?
  Lu, desde la orilla de la cama, totalmente rígida, y flanqueada por dos esferas metálicas, que Kómputo le había advertido, estallarían al menor movimiento que detectasen, intentó afirmar su respuesta ocularmente.
  -Bien, veo que nos entendemos. 
A ver, corrígeme si me equivoco, querida Lu...Tránsito Roja, esa entrometida de dimensiones cósmicas, se le ha metido en la cabeza compartir con vosotros, seres de tan bajo nivel, algunos de nuestros secretillos, en un intento de salvar a la Tierra del desastre que se le echa encima...¿Verdadero o falso?
  -¡Verdadero!-se apresuró a contestar la escritora.
  - Entonces, ya te habrá hablado de Ana Luna Plach...
  -Falso...-contestó a media voz.
  -¿¿Qué?? ¿¿Cómo has dicho??
  -No sé, creo que no...
  -¡Déjamela a mí, jefe!-vocifera alguien desde la puerta, un tipo que parece escapado de un cómic bélico.
  Es Catorce, quién entra en escena, antes de que Kómputo se ablande. Se trata de un androide de ultima generación, nacido para ejecutar el mal más absoluto, esto es, sin medidas medias, ni a medio camino, ni de partes medias, ni de medias tintas. Él no pertenece a la nobleza Oscura, que son aquellos que desde la cuna saben tratar la maldad para la que han nacido leales y entrenados. Catorce es un nuevo villano. Y ahora iba a poder demostrar a esos "nenazas Oscuras" lo que era hacer sufrir al prójimo. 
  Kómputo se retira. Catorce que en principio muestra una apariencia de carne y huesos, ahora es una sombra cubierta de millones de halos de luz verdosa.
  La luz se apaga.
  Lu solo ve su contorno brillante.
  -Decías, que no conoces a Ana Luna... Quizás Tránsito nunca te había hablado de ella...
  Catorce deseó con todas sus fuerzas que la escritora mintiera. Ya había olfateado el miedo, y los ojos de la chica, casi moribundos, le excitaban tanto, que por un momento, creyó que la devoraría directamente, antes de sonsacarla.
  -No puedo, no se que decir...no me acuerdo, estoy nerviosa...-gimoteó la escritora.
  -Mal, mal, mal...¡Tu lo has querido!
  -No, no espera...
  -¿Sí?
  -Me dijo algo de una chica a la que protegía... 
  -¿Te hablo de su paradero? ¿Te dijo dónde estaba la chica?
  -No, que va...
  -¡Mientes estúpida! Dime, que es a lo que mas temes, ¿eh, Lu? Un pajarito me ha dicho que ¡a la mentira! ¡Y a la traición! ¡Pues, hágase tu voluntad!
  Y de repente, el cuerpo de catorce se dividió en dos como un albaricoque, y de su interior nació Tránsito. Tránsito, ahora frente a la escritora, se abrió en dos mitades como la caja de un ilusionista y de ella surgió Ana Luna, y de la frágil joven, a la que una linea fina desde la frente a los pies sirvió de referencia para ejecutar una partición, asomó una escribana, con un cuaderno en la mano izquierda y un palito de naranjo en la derecha.  Y la joven romana, partió en dos su delicada morfología y apareció Lu, la escritora, sentada frente al fuego, al recogimiento de la lumbre, dormida, con las manos recogidas en el pecho y la mirada atrapada en el Eterno Presente, una noche gélida del 18 de febrero de 2012, donde prender fuego había sido más una necesidad que un placer meramente estético.


                                                                               FIN


Gracias a todos por vuestro interés. ¡Es un placer escribir para lectores como tu!
Y próximamente más y mejor. Así que ya sabes, vuelve por este Universo, para que pueda sorprenderte. Lu. 

¿De qué va?

Nueve Mundos, el origen, es una novela dinámica, de acción incesante, humor extraterrestre y  momentos únicos.  Consta de doce capítulos divididos en dos partes. Durante la primera, miraremos a través de un mundo barrido de adultos donde los chavales viven huyendo de los pocos humanos que quedan sobre la faz de la Tierra. Y en la segunda parte, más individual y abstracta, con ciertos toques surrealistas y naifs, nos meceremos en el transcurrir de la vida, de la rutina y las circunstancias, algunas difíciles, otras divertidas o curiosas, de los nueve adolescentes que conforman el cuerpo de esta historia, tan real y cierta como el sol que te alumbra. 
  ¿Verdad, acción o riesgo? ¡Elige!
  ¡En Andorra nuestro libro ya es un Best-Seller! Atrápala en alguna de las principales librerías de país.
Y en España, la supernova Mentes Mecánicas, trilogía juvenil que arranca con la novela que te presentamos, está tomando tierra.

En Barcelona, ya podéis conseguir un ejemplar en Gigamesh, de Ronda Sant Pere, 53.
¡Súbete a las aventuras imprevisibles jamás antes contadas!
Y además, ultimas novedades: ¡Pronto, Nueve Mundos, en japonés, en inglés y en Centro y Suramérica!


¡Hasta pronto, Readers, nos vemos en el próximo post!

martes, 21 de febrero de 2012

La Mecedora Imprevisible. III parte.

Así se dejo ver la luna desde L'Aldosa de la Massana. 


  Aquella noche gélida del 18 de febrero de 2012 había comenzado fría, extraña y dolorosamente profusa, sobre una vieja mecedora de madera y mimbre. Aquella misma noche donde prender fuego había sido más una necesidad que un placer meramente estético, Lu García había comprendido y aceptado muchas cosas difíciles de comprender y aceptar. La prosodia que derramaba Tránsito, entre balanceo y vaivén, hipnótica y arrolladora como una canción pegadiza, le había triturado la capacidad para discernir. Ella, la máquina, manejaba el poder de la convicción absoluta. Pero Tránsito, quizás sin querer, orquestaba para la escritora un conjunto de instrumentos que exudaban notas mortales por necesidad. Tal vez, Tránsito tenía el convencimiento de que a Lu le hacía un favor, y que revelándole todas aquellas cosas o una vida futura, eso le iba a ayudar a tirar para adelante hasta acabar su destino en la Tierra. Y, ciertamente, cuando le dijo que la jovencita que sostenía en brazos, era ella misma, y no otra, dentro de unos mil años, todavía mantuvo fresca la excentricidad de su filantropía. Y ahora, en ese preciso momento, en el centro de una celda de la Corporación, sobre una austera cama-mecedora, entre balanceo y vaivén, ella acababa de provocar un tsunami de consecuencias previsiblemente devastadoras, con el epicentro en esa misma habitación. 
  La escritora parecía no asimilar la situación. Tránsito salió cerrando la puerta suavemente. 
  -Estaré fuera, por si me necesitáis.
  Lu miró a la niña. La traspasó hasta herirla por necesidad. 
  Luna, ahora, en el suelo, sin Tránsito, sin su ordenador personal, se sintió algo desarmada. Aún así miró a Lu con total convicción. La penetró sin dificultad hasta traspasar su alma por necesidad.
  La escritora sostenía el pulso de su mirada de vidrio, esa que es propia de las muñecas. Ni siquiera pestañeaba. Y la joven, lejos de dejarse vencer, apretó su enfoque hasta dejar sin resistencia las pupilas de la escritora, y estas menguaron, y se apagó la chispa de luz en sus ojos. Lu se llevó las manos a la cara intentando recoger a garfadas la vista que se escapaba.
  Jajajaja...
  -Hola, Lu.
  La escritora levanta la cabeza, sentada aún en la orilla de la cama. Su visión era normal.
  -¿Qué...?
  -Digo, que hola...
  La joven se sienta junto a la mujer, sonriendo como los ángeles.
  -¿Eres muy primitiva? ¿no?...
 -¿Cómo?
 - Tránsito me dijo que los seres humanos de tu época eran muy cerrados y hostiles, pero esto supera cualquier cosa...jajaja.
  - ¿Ana Luna? Eres tu...
  -Sí. Ya lo se... esto es muy raro- contestó la joven.
  -Un poco, sí. Perdona.
  Luna se recoge la capucha de caucho de la sudadera y se estira en la cama. Lu la imita, y ambas, una junto a la otra, piensan en como romper el hielo.
 -¿De qué se puede hablar, con "contigo mismo" repartido en dos cuerpos que viven en siglos diferentes?
 -¡Pues de amor y aficiones!-exclama Luna.
 Lu empieza a relajarse. Le cae bien.
 -Comienzo preguntando yo: ¿Verdad, acción o riesgo?
 -¿Quéee? ¡Yo me largo!- gritó la escritora levantándose de un salto de la cama-mecedora.
 -¡Era una broma! Ven, vuelve. Lo que en realidad quería preguntarte es ¿cuándo te enamoraste por primera vez, y de quién?
 -Bueno, fue en el instituto. Se llamaba Fernando y era jugador de waterpolo. ¡Guapísimo! Pero nunca me pidió de salir, así que sufrí muchísimo. 
  -¡Seguro que era mariquita!-exclama Ana Luna mientras suelta una estrepitosa carcajada.
  -¿Y tú?-pregunta Lu.
  -Yo prefiero no hablar de eso...
  -¿Por qué?
  -¡Porque no tengo ni pajotera idea de lo que pasa por la cabeza de nuestra Lunita!-farfulla una voz terriblemente grave, vomitada desde el interior del frágil cuerpo de Ana Luna. 
  -¿¿Qué pasa, aquí??-grita Lu desesperada-¡Tránsitoooooooo! ¡Tránsitoooooooooo!
  De repente la oscuridad devora el espacio. Luna, junto a ella, se deshace. Los muros son de papel y asoma su masa negra el universo por todos los rincones de la habitación...
Kómputo Oscuro, Venozza y las fuerzas del mal, la han encontrado. Ya nada volverá a ser como antes...
"De esa entrometida, vamos a hacer una obra de arte"-vociferó uno de los Generales Oscuros, el temible Catorce.  


Aquella noche gélida del 18 de febrero de 2012 que había comenzado fría, extraña y dolorosamente profusa, Lu García había clavado los ojos al cielo, preguntándose, con la lengua pegada al paladar, en un iluso intento por sostener la razón, si todo lo que recordaba, había pasado en realidad, y en tal caso, que iba a ser de ella a partir de ahora...


  
La escritora, frente a la ventana , en la mañana del 19 de febrero de 2012.

   Continuará...

domingo, 19 de febrero de 2012

La Mecedora Imprevisible. II parte.




Planeta Celeste. Región Polar Norte.


  A partir de aquella noche gélida del 18 de febrero de 2012, donde prender fuego había sido más una necesidad que un placer meramente estético, la vida para la aprendiz de escritora, Lu García, había hecho un giro de 180º. Durante su reclusión en La Corporación, mil veces se había preguntado por qué la eligieron a ella, por qué, por qué, por...
  -¡Buenos días, Lu! ¿Qué tal has pasado la noche?
  - ¡Mal! Ostras, Tránsito, ¿dónde me has metido?
  - Eso ya lo sabes.
  - No será verdad...
  -Sí.
  -¿En la galaxia de Andromeda? ¿En el planeta Celeste? ¿...?
  -En la Corporación. Y ya está. No te atormentes. Ya lo sabes, porque lo dejaste escrito en tu novela: A partir de ahora, Todo Es Posible. To-do, Es, Po-si-ble. Relájate.
  -Pero¿Por qué traerme hasta aquí? ¡Yo puedo hacer  lo que me pidáis desde la Tierra! Fue el trato que hicimos, Tránsito. ¡Esto me supera! 
  -No. No es así...
  -¡¡Joder!! ¡Me ordenaste escribir tus memorias y las de Ana Luna! ¡Me obligaste a abrir un blog para contar al mundo una historia que debería ser secreta, y así, haciéndola publica, dijiste, era la mejor forma de proteger una información tan delicada... Envolviendo vuestra increíble historia en una trilogía juvenil, todo el mundo la aceptaría como una ficción nacida de la febril imaginación de una escritora del tres al cuarto. ¡Bah! Nada importante, si todos salimos ganando con esto, ¿verdad, Tránsito? Yo tengo una buena historia, regalada y hasta dictada por ti, letra a letra y con suerte, hasta puedo sacarme algo de pasta, y vosotros preparáis a la humanidad para lo que se les viene encima! ¡Pero te olvidas de mí, Tránsito Roja! Mi cerebro comienza a destilar locura, no asimila ciertas cosas...No olvides que soy un simple ser humano...¡No quiero seguir con esto!
  Lu se derrumba sobre una cama mecedora, colocada en el epicentro de una de las cientos de celdas de la Corporación, una edificación solemne, ubicada en algún lugar de la región polar norte, de un pequeño y extraño planeta llamado Celeste, en la vecina galaxia de Andromeda...
 La escritora comenzó a sollozar contra la almohada de lino. Pronto, los sollozos pasaron a llanto y el llanto se transformó en gritos. 
Tránsito no dijo nada. La miró sonriendo de medio lado, y se dirigió hacia la puerta. Apoyó la enorme palma de la mano de silicona en el acero, y empujó suavemente. Pero, antes de salir, volvió la cabeza hacia la desconsolada Lu.
  -Parece que has olvidado la razón por la que te traje hasta aquí. Quería que te conocieras en una vida futura, ¿recuerdas?
  La escritora interrumpió el llanto, levantó la cara del cojín y atravesó la vista dolorosamente hasta llegar a la figura esbelta de la androide.
  -¿Qué...?
  Tránsito empujó la puerta y  ésta se abrió de par en par. Lu se restregó los ojos con la yemas de los dedos. Le pareció ver entrar alguien.
  Junto a la máquina, ahora, había una frágil joven de unos catorce o quince años. Tránsito la recogió en sus brazos y la chica apoyó su mano en el pecho mecánico mientras clavaba a la escritora sus ojos verdes moteados de castaño.  
  -Lu, te presento a Ana Luna Plach, alumna Alfa del Centro de Formación y Desarrollo Universal de La Corporación. ¡Tú, dentro de 1200 años! 
Tránsito Roja y Ana Luna Plach.


Continuará...

   
  

sábado, 18 de febrero de 2012

La Mecedora Imprevisible. I parte.

  


  La escritora, de bruces sobre su portátil, escribe:


  En aquella noche gélida del 18 de febrero de 2012, prender fuego fue más una necesidad que un placer meramente estético. El salón ardía de frío y así no había quien escribiera una palabra. Los dedos, esas patas firmes de dos tarántulas albinas sobre una plancha ardiente, comenzaban a perder brío. 
  -¡Lu!
  -¿Umm? Ah, eres tú... Estoy escribiendo. ¿Puedes volver más tarde?
  -No.
  -¿Qué? No seas tonta, Tránsito. Ahora no puedo. 
  -Ven, Lu. He preparado la chimenea y he arrimado a la candela esas viejas mecedoras que le crujen los huesos. ¡Anda, mujer! Si solo será un ratito de nada.
  Lu mira a Tránsito desconcertada. Dos segundos después sonríe suavemente.
  -Tienes razón. Estaba pensando en encender el fuego. Total, con este frío no me concentro.
  Tránsito la mira de soslayo mientras caminaban, la una junto a la otra, hacia el salón. Se preguntaba quien rompería el hielo primero. Quizás la escritora. Sí, seguro que ella sería quien comenzaría a hablar. Sacaría alguno de esos temas sin sustancia, como el tiempo imperante o lo cansada que estaba de sus exámenes. ¡Menuda novedad!
  La máquina se sentó primero. Frente a una hoguera generosa de lenguas ávidas y violentas, la mecedora crujió dos veces, y su frágil anatomía se resintió severamente.Tránsito, que parecía confiar en la fortaleza del mueble, echó el cuerpo hacia atrás y hacia adelante, hasta conseguir un balanceo suave y acompasado. Sí, pensó, ahora es cuando Lu suelta algo.
  -Que tiempo más...¿blanco?-soltó la escritora con los ojos envueltos de fuego.
  -¡No, no, no! Imaginaba que abrirías la conversación con algo idiota, pero, esto...-farfulló soltando una carcajada.
  -Oye, que yo me levanto y me largo, ¿eh? ¿Te crees que es tan fácil abrir conversación con un chisme como tu? 
  La escritora tomó tierra y a su mecedora se la oyó lamentarse de dolor tres veces.
  -¡Vale, vale! No te enfades. Siéntate, por favor. Perdona, solo era una broma. Comenzaré yo.
  Lu se sentó por segunda vez. Y se alegró. Porque a cada paso que la alejaba del fuego su cuerpo se encogía más y más. De nuevo, la mujer y la máquina, en sendas estremecidas mecedoras. Acompasados sus vaivenes, Tránsito arranca su maravillosa maquinaria fonética otra vez.
  - Lu, estoy embarazada.
  -¿Quéeeeee?
  -¡Es una broma! ¡Ostras, nena, relájate! Es que...-farfulló entre risotadas- estás tan seria...
  -Sabes como romper el hielo. De eso no hay duda, Tránsito-afirmó la humana sonriendo.
  -¡Ya te estabas imaginando la casa plagada de renacuajos mecánicos como yo!-exclamó la androide golpeándose la caja torácica.
  Solo de imaginarlo a Lu le entraron retortijones.
  -No, lo que quería decirte, es...-comenzó a decir mientras se limpiaba la baba con un extremo de la capa encarnada- bueno, preguntarte, ¿si te gustaría conocerte en otras épocas? 
  -¿Te refieres a vidas anteriores?
  -No, me refiero a vidas futuras.
  -¿Cómo dices? Bueno, de eso leí algo al Dr. Brian Weiss, en uno de sus libros, ahora no recuerdo cual de ellos, donde decía que...
  Lu seguía hablando, cuando en ese instante, la máquina se abalanzó sobre ella, la echó a su robusta espalda, la aprisionó mecánicamente sobre su columna vertebral inmovilizándola cual insecto en ámbar, y corrió hacia el ventanal, lo abrió de par en par, y alzó el vuelo alcanzando los tres mil metros de altura en cuestión de pocos segundos.
  La escritora, consciente de todo, tragada por la infinita anatomia perfumada de Tránsito, protegida y amparada en su interior, cerró los ojos y suspiró. Ahora, igual que Ana Luna,  la adolescente de su novela, era un engendro de máquina a merced de una voluntad artificial.            Cualquier cosa era posible a partir de ese momento.
  La imprevisibilidad es lo bello de la vida-pensó. Y la suya flotaba ahora por el Universo espacial. Por suerte o por desgracia para ella, iba de camino a una existencia que habría de vivir dentro de 1200 años. 
¿Te parece mucho, Lu? ¡No!, le había contestado la máquina. El tiempo, además de una ilusión, es solo una invención, un iluso intento humano por poner alas a la existencia. Por acotar los proyectos del alma, por encorchetar vuestros sueños. ¿Sabes Lu? En realidad,
1200 años, pasan por aquí como un suspiro. Fuuuuuuu...
  Y cuando Tránsito dejó en el suelo a una Lu llena de temor, ésta pudo observar, en todo su esplendor y grandiosidad, La Corporación, El Centro de Formación Universal más secreto del Universo, representado por una colosal edificación idéntica a la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Bajo la impresionante entrada principal, la Anunciación, la esperaban cientos de Maestros Vitales entre los que reconoció a algunos de los personajes más importantes de la historia de la humanidad, además de docenas de guías y un centenar de alumnos de la Liga Solar. 
  Tránsito agarro por los brazos a la escritora, una muñeca de trapo, y la llevó junto a ellos a volandas. Intentó ponerla en pie, le arregló el cabello, sacudió su jersey y  pantalones, y una vez en condiciones, la presentó a la comitiva de recepción.
  -Es ella-afirmó simplemente, Tránsito Roja.
  Entonces, todos los que allí estaban presentes estallaron en aplausos y vítores, y la condujeron al interior para hacer con ella, lo que estaba escrito.






Continuará... 


  





domingo, 5 de febrero de 2012

El día que el destino me entregó una pesadilla de silicona y diamantes. II parte.





Desconozco el tiempo que transcurrió desde mi encuentro con la máquina Tránsito, hasta que me desperté, cerca del mediodía, con las sábanas apretadas al cuerpo como un sudario.
Salté de la cama, corrí hacia el baño y llegué al tocador. Por alguna extraña razón, la imagen frente a mi, no me resultó familiar. Era yo, de eso no había duda, pero observé un halo de luz, muy tenue, una niebla que envasaba mi imagen como en un viejo formato de cine mudo. Todo resultaba muy extraño. Apreté los puños contra las órbitas y froté los ojos con ganas antes de volver a reposar la vista sobre el espejo, pero el vaho que me envolvía seguía perfilándome como una acuarela. 
Todo había sido un sueño fantástico y ya está. ¿Para qué darle más vueltas? Ahora era mejor olvidar mi encuentro con la Caperucita de cristal mecánica y tirar el manuscrito para adelante. Había mucho trabajo que hacer. 
Si por un momento pensé que había vivido una historia real, fuera de los muros del mundo, es que estaba como una regadera. 
Siempre he sido víctima de mi propia imaginación. Pero en esta ocasión  había llegado demasiado lejos. Tal vez, pensé, lo mejor será sujetar mi cordura y atar la razón entre los austeros muros del Monasterio. Allí, en las celdas, una vida de aislamiento, llegan a recoger tus circunstancias en un ovillo, apretarlas y ordenarlas, para devolverte a la rutina de la vida, totalmente nueva, ligera, descansada, como recién duchada.  
Y eso fue lo que hice. 
Me alejé de mi casa. No cogí gran cosa. Mi portátil y poco más. Todo lo que iba a necesitar lo llevaba encima: incluida las letras y los párrafos que empezaban a provocar en mi cabeza contracciones de parto. 
Ya en el coche, eché la vista por ultima vez, a la casa. Miré hacia el ventanal de mi habitación. La cortina reposaba hacia los lados y decidí volver a subir para cerrarla por completo. Pero algo no estaba como yo lo había dejado. ¡El armario! ¡Completamente abierto! Que raro... Nunca dejo las puerta abiertas. ¡Jamás!. Me acerqué a cerrarlo mientras las culebras ya paseaban por mi cuerpo desde la coronilla hasta la punta del pie. 
¡Dios mío! 
Mi ropa se apretujaba contra la pared del armario y desahogadamente, un centenar de capas de seda roja, ocupaban la totalidad del espacio.
Desde entonces entendí, que la máquina, Tránsito, se mudaba a vivir conmigo. Y que la ficción podía superar la realidad, hasta dejar seco el pozo de tu razón.


PinBall, ciudad natal de Lara Plutis.


En fin, aquello ya pasó. 
Ahora, el ultimo capítulo, el número 8, dedicado a Plutón. 
Su protagonista Lara Plutis, es otra víctima de su propia imaginación. Ella es el personaje, después de Ana Luna Plach, que más me identifican.
¡Lara!, ¡Lara! Mi preciosa loba albina, de las estepas de Plutón. Si es que con esos sustos, que te das, un día de estos...No se que pasará...
Os dejo unos fragmentos, cuando Lara llega a casa de su abuela, que al parecer está enferma, con una cesta de dulces y leche fresca. Al entrar, no encuentra a la octogenaria, y se dirige a la habitación. Allí, en la cama, encuentra una sorpresa que no olvidará en su vida...
–¿Quién eres tú?
–Soy el lobo feroz que estabas esperando.
Aquel extraño ser era un plutino alto y guapo. Tenía el pelo blanco, largo y ondulado. Sus ojos eran marrones y rasgados como dos almendras.
–Estás en la cama de mi abuela…
–Soy su novio.
–¡Ja!, y voy yo y me lo creo…
–¿Y por qué no?
–Pues… porque está enferma(que estupidez acababa de soltar)
–¿Enferma? Será enferma de amor…
–¡Qué fanfarrón! ¡Quiero ver a mi abuela!
–Me temo que eso va a ser imposible. Ha salido. Vuelve más tarde.
–No puedo.
–¿Para qué has venido?
–Mi madre me ha dicho que mi abuela me necesitaba. Y es muy raro que ella no esté aquí para recibirme.
–¡Pues hoy no!
Lara pensó en el armario y reflexionó.
–Oye, chica…
–Me llamo Lara. ¿Mi abuela no te habla de su familia?
–Claro… Oye, Lara, he pensado… ¿Qué tal si bajamos a la cocina y te preparo un chocolate?
Lara evitó dar la espalda al desconocido, así que bajó las escaleras detrás de él. El hombre sonrió maliciosamente, y ella empezó a sospechar que su abuela estaba muerta y encerrada en el armario. Ahora estaba totalmente segura. No sabía qué hacer. A lo peor, también podía matarla a ella… Lara miró afuera por el ventanal de la cocina mientras el chico hurgaba en la cesta, removiendo la comida a su antojo. Después extrajo dos pastelitos de crema y chocolate, y los sirvió junto con dos tazas de chocolate que calentó en el microondas. ¿Es que ya no había leñadores o bomberos dispuestos a jugarse la vida por ella?
No, aquella historia, desgraciadamente para ella, no era un cuento para niños...

Recuerda, Nueve Mundos, es una lectura altamente entrenida, pero con unos peligrosos efectos secundarios: crea adicción, estimula el timo, altera la razón y agita la percepción. Ahora ya lo sabes.
Nos vemos aquí, en tu blog de Nueve Mundos, dentro de unas semanas.
Los exámenes de la facultad, en la Tierra, me obligan al retiro absoluto. 
Después más y mejor. Desde los muros de mi celda, me despido. 
Vuelve Reader, para que pueda sorprenderte, una vez más.  
¡Muaks!  

viernes, 3 de febrero de 2012

El día que el destino me entregó una pesadilla de silicona y diamantes. I parte



Como todos ya sabéis comparto la vida con una androide chiflada, empecinada en que le escriba sus memorias. Ya acostumbré a mi Yo creativo a aceptar la situación, pero a día de hoy, mi Yo esencial, y sobretodo, mi Yo racional, andan todavía algo indispuestos. 
Lo que nadie sabe es como llegó a producirse tan inverosímil situación. 
Yo te lo contaré.   
Corría el invierno del año 2005 en Llucmajor,  Mallorca. Como cada noche antes de acostarme encendí un par de velas de canela y armada de un buen libro (creo que era de Brian Weiss, Lazos de amor), destapé la cama y me deslicé entre las sábanas con gran placer. 
Leí bastante, no recuerdo cuanto, pero desde luego los minutos volaban y varias veces oí al reloj plañir tristemente sus agudas campanadas. 
En algún momento me debí quedar dormida. No recuerdo que apagara conscientemente la luz, ni soplara las velas, ni colocase el libro en la mesita de noche, ni en ningún otro sitio. Y la somnolencia comenzó a mordisquearme los ojos: este es un estado de agradable sabor a chocolate que apareció, me venció con su dulzor, doblegó mi voluntad y me dejó a expensas del sueño. 
Esa noche soñé algo que me obligó a dejarlo escrito. Letras frescas quedaron tumbadas sobre páginas blancas e impolutas, nada más levantarme de la cama, para despegármelas de la mente. 
En pocos minutos tracé un entramado de frases, esquemas y símbolos que configurarían, más tarde, la historia que te cuento en mi novela. 
Esa mañana, yo estaba atónita. Tenía una buena historia. Una historia nueva, fresca y muy entretenida. ¡Increíble!
Me acerqué lentamente al ventanal del ala norte de la casa. El paisaje apareció diferente. Por alguna extraña razón advertí una presencia que no encajaba. Era como sí algún elemento estuviese de más. Volví a pasar la vista por los diferentes objetos cotidianos: las farolas, desnudas de todo ornamento, el camino, abrigado todavía de tierra húmeda, los muros, con sus moléculas de piedra fuertemente apretadas, impenetrables, el campanario, ¡el campanario! ¡SÍ! ¡Había alguien sentado sobre el campanario! 
Corrí a buscar los prismáticos. Los encajé en las órbitas de los ojos y lancé de nuevo la vista campo a través. La torre apareció ahora desolada, sola, como siempre. Ni una gaviota, ni un pájaro, ni una nube reposaba sobre su punzante estructura. ¡Nada! ¡Nadie! 
Volví sobre mis pasos. De nuevo al cobijo de mis cuatro paredes. Me alejé del exterior. Ya de nuevo en mi habitación. Y al levantar la vista, ¡¡Oh Dios mío!! 
Aquella cosa horrible, transparente como una medusa, estaba a dos pasos  mí con los brazos en jarra.
  -¿No habrás pensado que toda esa historia a salido de tu cabeza? ¿verdad?
  - ¿Quién demonios eres tú?
  - Me llamo Tránsito Roja. Tranquila, no me como a la gente si es eso lo que te preocupa. Quítate esa ropa. Te he traído esto.
  - ¿Unas alas? ¿Para que quiero yo unas alas?
  - Para huir, supongo. No temas. Dame la mano... Y ven conmigo a través de los tiempos y de los espacios. Te Necesito. 

Lu, en el Eterno Presente.

  Caí al suelo como un mamífero, de lado, derribada por lo que me pareció el esbozo de una Caperucita mecánica. 
Después me levanté como una autómata, dejé en el suelo mi raciocinio, me desprendí de la ropa, me vestí con unas alas espumosas y salí a respirar al Eterno Presente...Y por primera vez en la vida, me senté en el regazo de la luna.


Continuará...


Feliz tarde de viernes, Reader.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Cuando abro el grifo de mi locura, sales tu a chorros.

 Entre Tránsito y yo:


-Francamente, Lu, no lo veo.
-¿Eh?
-Eso de dar consejos. Quedamos que solo contarías nuestras historias. Fue el trato. 
-No lo hago por nada notorio, Tránsito. Pero, cuando una cosa me funciona a mi, me entran ganas de compartirlo. Nada más. 
-No te ofendas, writer, pero creo que deberías seguir en tu linea.
-Tampoco he dicho nada que...
-Lu, ¿has hablado ya de Nep?
-No. 
-¿Y a qué esperas?
-Bueno...Es que hoy pasó algo... y me ha ido tan bien, que quisiera contarlo a los lectores.
-¿Otra vez? ¡Ni se te ocurra!
-Pero, ¿y si solo empleo unas lineas del prólogo, y lo explico rapidito?
-¡NO! ¡No estas autorizada, humana!
-¡Ostras, Tránsito! ¡Cálmate! ¡Cuando te alteras me pones la piel de gallina, los pelos de punta y el corazón como un arenque!
¡ Y no me llames humana! ¡Que no me gusta! 
-¡Lu!
-¡No!, ¡Me voy!
-¡Antes de que te vayas, una cosa! ¿Qué era lo que querías contar a los Readers?
-¡Ah! Pues, que hoy bailé con una persona muy especial, una de esas canciones lentas, así muy pegaditos, hacía años que no bailaba cuerpo a cuerpo, cara con pecho... sus manos en mi cintura, bueno, ya sabes, o quizás no, tu de eso no sabes...(me río), pero ha sido una experiencia preciosa. ¡Me ha salvado el día!
-¿Eso-es-lo-que-querías-compartir tu, con los Readers?  
 ¡¡Jua,jua,jua,jua,jua!!
- Vale, botella con cables, ya veo que entre tu y yo, hay 9 Mundos...


Capítulo 7, de la 2ª parte: Nep, de Neptuno: ¡Nep! Alguien que odia la rutina como tu, no se inventa una vida. ¡Simplemente, se aguanta!  


"El día dos del séptimo cuarzo alcanzamos con la punta del pie la tierra firme. El agua del océano, antes negra y profunda, se volvió celeste y cristalina. Eso significaba que la profundidad había disminuido y que por fin habíamos llegado al punto exacto donde se hallaba escondido el tesoro.

Encontrar partículas de tierra era misión casi imposible en Neptuno, que estaba cubierto totalmente de agua. Este era un mundo de océanos profundos, colosales y negros, misteriosos algunos, otros salvajes, llanos, serrados o alborotados, dóciles o indómitos, pero siempre… fríos océanos.

Y hasta aquí puedo llegar. Si aún no tienes nuestra novela, ¡¿a qué estás esperando?! 
Hasta pronto, Reader. Vuelve. Quiero sorprenderte, ¡siempre!
:)