De qué va.

Primera novela de la trilogía Mentes mecánicas.
Vivir sin nubes, la segunda de la saga, en plena edición.

NOTA: Los relatos que forman parte de este blog, en su gran mayoría, NO tienen nada que ver con la historia central de Nueve Mundos, el origen, salvo algunos de sus principales protagonistas que comienzan a interactuar a su aire y permite a esta escritora llegar, además del público juvenil, a una franja de lectores más amplia.
Para leer la SINOPSIS de N.M. o la BIOGRAFÍA y fotos de la AUTORA, baja hasta el final de la página.

¡Ciencia Ficción, Sí Gracias!


martes, 31 de enero de 2012

En el poso de un pozo escondí tu libro de crecimiento personal.





Si el alma está en el cerebro como afirma Eduardo Punset en su último libro, donde expone que la felicidad es la ausencia de miedo, y me recomienda que "Tome distancia y disfrute de las cosas pequeñas" y si Rhonda Byrne me asegura a través de su libro "Que el poder para tener las cosas está dentro de mi" donde establece que hemos nacido para tener todo lo que nos guste y deseemos (cosa que dudo, porque jamás conseguiré balancearme por los cielos de New York en brazos de Spiderman), e insiste en que el poder para conseguir todas las cosas buenas y positivas en la vida es el amor,  y si el polifacético Alejandro Jodorowsky (me encanta la fonética de ese apellido), instala en mi cerebro un interrogante, al afirmar que "Nuestra familia es un tesoro o una trampa" en cuánto a que las ideas de nuestros antepasados, así como sus tabúes o su relación con los demás, influyen en nuestro Yo esencial, y, y, y...¡Entonces me volveré loca!
¡Pero, si todo es mucho más sencillo!
Los libros dedicados a inspirar el crecimiento personal, aumentan como la espuma en las estanterías de cualquier librería del planeta. Existen títulos y autores a miles y eso me inquieta. ¿Tanta lectura de ese tipo necesitamos? Perturba mi tranquilidad de manera inconsciente y a sabiendas que no deseo comprar ninguno, por el solo hecho de pasear mi interés entre sus portadas latentes, mi cerebro se agita, se pone en marcha, busca intentando, el muy truhán, adjudicar a mi inexistente problema personal, un título que pueda irme bien. ¡No! 
Me costó un mundo salir de la librería sin uno de esos manuales de auto ayuda bajo el brazo.

Al llegar a casa, me descalcé despacio, puse suavemente las plantas de los pies desnudos sobre la madera, eché agua caliente a la bañera y unas sales perfumadas de vainilla y canela. Puse música que me estimulara, encendí velas y finalmente me sumergí por completo en las cálidas aguas, que imaginé, de un manantial. Luego, saqué la cabeza, la apoyé en el borde de la bañera y medite: dediqué tiempo para escucharme, para entenderme, para encontrarme: Y llegaron las respuestas, y visualicé las preguntas y alcancé la paz por mi misma, y hasta un ratito de esa felicidad que todos persiguen, encontré. 


Buenas noches.

domingo, 29 de enero de 2012

Uriel, el jugador más rápido del Universo.

Urano da una vuelta al Sol cada 84 años terrestres. Su distancia media con él es de aproximadamente 3.000 millones de kilómetros. La intensidad de la luz del Sol a Urano es más o menos 1/400 que en la Tierra.
Fue uno de los capítulos de la novela que más correcciones personales me llevó. Sinceramente, como comentarista deportiva tengo menos futuro que una gamba en el desierto  y meterme en la piel de uno de esos profesionales parlanchines, con más aguante que una soprano, fue difícil, muy complicado. No había manera. No obstante, salí a flote y tras conseguir superar aquellas lineas, cerré el capítulo. Estaba exhausta. Pero complacida. 
El personaje, Uriel, merecía una buena historia y al final, yo debía retransmitir el partido tal y como fue, compartir con los lectores aquella euforia colectiva, en resumen, enseñar al héroe tal y como es, como siente, vive y comparte. 
Y por el contrario, la parte donde la pluma volaba a velocidad de crucero, en quinta marcha y a todo gas, fue en la dedicada a su infancia. Atravesar el bosque casi a diario, a toda carrera, para escapar de sus terribles moradores, forjan las aptitudes del futuro jugador de Airball que será años más tarde.


  A continuación, te dejo con el prólogo que abre su historia personal. Espero que te deje buen sabor de boca y ganas de abrir sus páginas cuanto antes.


  Capítulo 6, de la 2ª parte de Nueve Mundos, el origen, dedicada a Uriel, otro de los nueve alumnos Alfa, de la escuela más secreta del Universo, La Corporación.
Uriel, había escogido "Verdad" ¡Y vaya si afloró!


"A la gran estrella del Air Ball universal, Uriel Eléctrica, de catorce años, más conocido como Piernas de Acero, le rodeaba una gran nube de asistentes. Unos le masajeaban los gemelos, otros los brazos o el cuello. Afuera, el público le reclamaba eufórico, gritando su nombre una y otra vez. En la arena actuaba una pandilla de bufones Chuak para templar los ánimos. El rumor de la gente era ensordecedor. A pesar de su experiencia, salir a jugar delante de diez mil espectadores siempre le producía una especie de vértigo.
–¡Quiero que estés tranquilo!, ¿vale, campeón? –le aconsejó su entrenador–. ¿Recuerdas las reglas de oro para triunfar, muchacho?
–¡Recuérdamelas tú, Mister! –contestó Uriel.
–Mantenerse Totalmente Despierto, Lleno de Temor y Respeto, pero con Total Convicción. ¡No lo olvides nunca, jovencito, y triunfarás en todo lo que se te ponga por delante!
–Sí.
–¡Eres el mejor! A veces me pregunto cómo puedes correr tan deprisa…
Uriel de Urano se le quedó mirando pensativo. Él sabía muy bien por qué….

Nueve mundos, el origen.

Uriel, imagen de su infancia, en el bosque Tenebrum.

   

viernes, 27 de enero de 2012

En la taverna del Misterio, olvidé mi vida. Prologo de la autora.

Luna y Tierra.
Fotografía tomada por Ana Luna Plach,
desde el Transgaláctico público
 del Sistema Solar.
¿Te has fijado en las hojas que descansan a orillas de la carretera?
¿Y en las plantas que brotan por el canal de una fisura de cemento? ¿Y en la ropa tendida de los balcones? ¿Alguna vez has sucumbido a la tentación de meter el pie en un charco? ¿Y has probado empaparte bajo la lluvia?¿Te has tocado el ombligo y has sentido una corriente eléctrica? ¿Alguna vez te has comido una rodaja de fuet sin quitarle antes la piel? ¿Has tenido que tragar saliva para no romper a llorar en público? ¿Y has roto en llanto al ver a la muchedumbre unida, en pos de un ideal? ¿Has comido pipas sentado en el canto del respaldo de un banco del parque? ¿Has deseado que te tocara "beso" para rozar los labios del chic@ que te gustaba, en el juego de Beso, Verdad o Atrevimiento? ¿Alguna vez has intentado beber a morro de un botijo y has acabado empapado? ¿Y recuerdas siempre las pesadillas? ¿Has sentido terror al imaginar que pasaría si perdieras a tu familia en un accidente?¿Sí? ¿Tu También? Entonces sigue leyendo...
Conste que el prologo ilustra poco el post de hoy, dedicado a Maquintosh, pero que quieres que te diga, Reader, me apetecía comprobar que eres terrícola, y además, humano, como yo.

Y ahora sí. Aquí os dejo un retal de la conversación que mantuvieron los padres de Maquintosh, y el misterioso capataz de la finca, Xanadú, durante una cena informal, momentos antes del incidente que la marcaría para toda la vida y forjaría su carácter.


Capítulo 5 de la 2ª parte de Nueve Mundos, el origen: Maquintosh, Mac. Una chica bien, de Saturno. 
Una historia que nadie querría para sí.


"–Oye, ¿sabéis que Titán y la Tierra son los únicos lugares del Sistema Solar en los que llueve sobre la superficie? –volvió a intervenir Byron, mientras abría la boca para llevarse a ella un trozo de ketchia, una especie de aceituna rellena agridulce, del tamaño de una mandarina, típica de la gastronomía del lugar.
Su padre era de esos adultos que adoran el dinero. “Soy Byron Crion y me gusta el dinero”, decía cuando se presentaba a sí mismo. Solía hablar muchísimo de la Tierra y de los seres humanos. Y presumía de haberse sentado a la mesa de importantes mandatarios.
–Se han encontrado dunas, aparte de Titán, en la Tierra, en Marte y en Venus, y ¿qué me decís de las montañas, los valle, los ríos y los océanos? ¡La Tierra y Titán son muy parecidos! –opinaba el empresario.
–Creo, querido, que la Tierra es mucho más hermosa. ¡No tiene comparación! –dijo Cloe, ruborizada porque el capataz la miraba ensimismado.
–Sí. ¡Mamá tiene razón! –afirmó Maquintosh–. En la Tierra, las aguas del mar son azules y limpias como un reflejo. El aire tiene un agradable olor de flores, fruta y personas… ¡Nada puede compararse con la Tierra, papá!
Maquintosh lanzó una mirada asesina al capataz, que seguía sin quitar la vista del escote de su madre. En ese momento, Membrana recibió una fortísima patada en la espinilla que le hizo saltar de la silla, y profirió un grito ahogado. Miró a la niña inquisitoriamente y susurró algo.
–¿Qué opina usted, Membrana? –le preguntó tímidamente Cloe.
Él le sonrió dulcemente antes de contestar, y dijo algo misterioso e incomprensible para Maquintosh:
–Todo depende de la compañía.
Su madre se puso todavía más sofocada, y Byron zanjó la conversación diciendo algo típico de los adultos:
–¡Propongo un brindis!
Aquella noche, Maquintosh, se había ganado un enemigo. Y, desafortunadamente,no sería
el único. 
    
    Ay, Mac, tu espontaneidad te pierde... Como a mi.



A orillas de esta playa de alquitrán de Titán, Maquintosh se imagina
paseando entre las aguas cristalinas de la Tierra.
(Imagen real de Titán, una de las lunas de Saturno)


Deseo que te haya gustado. Si te ha picado el gusanillo, ya sabes, consulta donde puedes encontrar tu novela, desde cualquier lugar del mundo, en el mail de nuestro director editorial:   
                                              angel@a4ediciones // comunicacion@a4edicions.com


              
       ¿Verdad, Acción o Riesgo? 
¿Que escogiste, hoy, Reader? 

      Ella, dijo: ¡Acción! Y así le fue...





jueves, 26 de enero de 2012

You're my angel too? Júpiter. Por Tránsito Roja.

Tránsito Roja y Zero, en el Imprevisible Eterno Presente.
He de reconocer que a veces el RIESGO es una garfa de agua helada en la cara necesaria para aprender a sobrevivir. Buena para conocerte a ti mismo. Y ya que hablamos de eso: Estúdiate a diario, medita en algún lugar solitario, sonríe como un santo y pisa el mundo como un ángel. Ama con pasión, enamórate de tus congéneres, vigila las señales y escurre tu bondad. Visualiza a tu enemigo como el niño que un día fue, disipa la envidia, perfuma tus días con la alegría ajena, ayuda a levantar al caído y después lame tus heridas en silencio. 
Pero no temas, hay recompensa: Las alas crecerán en tus omoplatos mecánicas y grandes, fuertes y robustas.  
En algún lugar de Júpiter, nos vemos. 

Capítulo 4 de 2ª parte de Nueve Mundos, el origen, relata la vida de otro de los chicos, el misterioso y retraído, Piter-Ju de Júpiter:


 " La Selva Oeste era una zona muy poblada, a pesar de que aquellas latitudes se hallaban bajo un ciclón de dimensiones enormes llamado la Gran Mancha Roja. Pero los nativos, adaptados a vivir en los ramajes desnudos de los gigantescos árboles jovianos, envueltos en espesas masas de nubes acuosas, estaban acostumbrados a ver pasar la vida entre vapores, corrientes, torbellinos, descargas eléctricas y tormentas profundas. Viviendo allí, habían acabado por aceptar que es imposible establecer un límite preciso entre “superficie” y “atmósfera”, porque lo sólido y lo gaseoso están eternamente unidos, para bien o para mal.
Lo primero que llama la atención al viajero del espacio es la cantidad de colores que rellenan las nubes: rojos, cremas, azules, rosas, celestes o amarillos en todas sus extensas variedades cromáticas. La belleza del cielo-tierra es tan apabullante, que uno debe dosificar la visión para no acabar enloqueciendo. Caminar por la superficie de Júpiter es desconcertante, detrás de su opacidad, nunca sabrás que hay. 

Bajo tres capas de nubes densas, existe un bello mundo inaudito.
Piter-Ju vive en la Selva Oeste. En el Nivel 110. No se te ocurra buscarlo aquí.
Te achicharrarías como una loncha fina de bacon.



Recoge el miedo y échalo a tu espalda. Solo así, con un saco de valentía, podrás nadar entre olas de vapores eléctricos"



Que nada te confunda, Reader. Elegir "Verdad" es muchas veces más peligroso aunque denota más valentía que la Acción o el Riesgo y es más valorada. 

Tu eliges.

miércoles, 25 de enero de 2012

La Corporación: Centro de Formación y Desarrollo Intelectual Universal: La escuela más secreta del Universo.



¡Saludos a los Junior Readers de la plataforma de Educ&!
Queridos chic@s, alumnos, de la plataforma Educ&, este post de hoy es especialmente para vosotr@s.


Una de las cientos de Bibliotecas que emergen de la Corporación, hoy destruida
tras a última batalla con el estrafalario Kómputo, general del ejército oscuro.  


En el capítulo 6 de la primera parte de vuestra novela 9 Mundos, el origen, para mi uno de los más reveladores, descubrimos El Centro de Formación y Desarrollo Intelectual Universal: La misteriosa escuela para alumnos del Sistema Solar: La Corporación.


Os dejo con la megafonia que va saltando cada diez minutos por los pasillos de la escuela más secreta del Universo: 


  “Bienvenidos a la CFDIU. Hoy, como ayer y mañana, dedicados a la formación de alto rendimiento. Caminamos hacia la sabiduría y la perfección absoluta. Tú eres un ser cósmico superior, imprescindible para la Comunidad. Avanza, hoy, Alumno, hacia la conquista del conocimiento absoluto..."
  El Centro de Formación y Desarrollo Intelectual Universal estaba ubicado en un pequeño edificio levantado en el interior de la poderosa Corporación, situado a su vez en la cima de un gran islote con forma de diamante, en el polo norte del planeta Celeste. A pesar del frío invierno que reinaba en el exterior, el clima allí dentro era tropical.
Atravesamos una puerta mecánica y entramos en el enorme vestíbulo principal. El aire olía a limpio, como esterilizado. Cientos de pies enguantados en tela de látex blanca se movían de un lado a otro, y sus pasos tapaban por un instante los dibujos geométricos que el techo azulino de vidrio proyectaba en el suelo helado.
Los alumnos iban uniformados con trajes blancos asépticos, impolutos, virginales: cómodos pantalones de caucho y sudaderas ergonómicas, altamente resistentes, confeccionadas con goma de neumático. Los mensajes de la megafonía eran constantes y transmitían altas dosis de autoestima. Los alumnos caminaban erguidos y sonrientes con una seguridad impresionante.
Cada día, en el vestíbulo principal, entre las 8 y las 9 de la mañana y desde las 17 hasta las 18 horas, un grupo de jóvenes músicos robotizados amenizaban las entradas y salidas del centro. Era algo que los alumnos agradecíamos enormemente. Realmente, la música nos proporcionaba una alteración positiva, un notable ascenso de los niveles de autoestima, salud, sociabilidad, etc., que se reflejaban en los rendimientos escolares.
Los músicos que contratamos ese trimestre formaban un grupo llamado Soft Metálica, y eran sorprendentemente buenos y espectaculares. Tocaban desnudos, cuerpos atléticos, de titanio, lisos, pulidos, brillantes. La música tronaba por los vestíbulos, por los pasillos, se hacía poderosa entre las aulas, todavía frías y desangeladas. La música arrancaba, al choque de sus manos contra las piernas de acero, unas notas ásperas, vitales, con una gran dosis de fuerza y energía..."

Deseo que os haya gustado. Y si queréis leer más, ya sabéis, ¡Corred a buscarla!
Os estaremos esperando, siempre y cuando tu quieras, en el Imprevisible Eterno Presente.
Lu=)

martes, 24 de enero de 2012

Ser o no Ser No es la cuestión.

Ser o no Ser...
No, yo diría Saber o no Saber, esa es la cuestión. Pero como ya se sabe que saber es poder y todo poder conlleva una gran responsabilidad (eso lo aprendí de Spiderman del que estoy enamorada desde los diez años), los que mandan consideran que el pueblo llano no debemos  descubrir uno de los mayores secretos que se esconden en los archivos clasificados de los Estados Unidos: la existencia de vida extraterrestre. De hecho, se habla ya de exopolítica, que es una ciencia social que estudia las relaciones entre nuestra civilización humana y otras civilizaciones inteligentes del Universo.
Después de la entrega del premio Nobel de la Paz, el actual presidente Barak Obama, preparó un discurso para informar y revelar esos informes al mundo, sin embargo y por causas que no han trascendido, se eliminó finalmente del programa. ¿Por qué? 
Umm, esto huele mal, muy mal. ¿Tu que opinas? ¿Están entre nosotros? 
Dejando a un lado el tema, que en esta novela no deja de ser relevante, en boca de unos chicos que parecen ser una cosa y son otra, nos centraremos en otro de los chavales de la Liga Solar, Diox Mars, y en una brizna de su vida y las circunstancias que le llevaron al cobijo de dos grandullones, los Dator 111, mitad máquinas de frío acero marciano, mitad carne y piel. Una raza, extraña, pero entrañable, en definitiva, supervivientes.
Al comienzo de capítulo, el tercero de la segunda parte, dedicado al planeta Marte, podemos leer:
Diox Mars, alumno Alfa de la Corporación.
Grupo de La liga Solar.


"En un ambiente demasiado cubierto de arena, demasiado árido y extremadamente erosionado, como si el viento soplara de una forma inusualmente fuerte, los Dátor 111, Lenon y Lemon, habían levantado un sencillo bar. Era una zona desértica, un inmenso pedregal de color naranja rojizo cubierto de piedras, cantos y bloques, pero de gran afluencia peatonal, sobre todo los fines de semana, por hallarse cerca de una de las paradas de la red metropolitana del IntroMundo. Los cosmopolitas de las calientes y húmedas ciudades subterráneas agradecían enormemente poder salir de vez en cuando al exterior y volver a pisar las añoradas tierras de sus antepasados. Para sobrevivir en la superficie de Marte, se proveían de gruesas gafas, caretas de titanio e impermeables de silicona que les protegían del polvo letal de la superficie.
Aquella preciosa mañana de verano, en el ecuador del planeta, los termómetros de la entrada del Mars Bar marcaban los 22ºC. A primera hora, el local ya estaba a rebosar. Desde la barra, los ancianos seguían con interés las últimas informaciones sobre la intrusión de sondas terrestres. Los boletines informativos eran diarios y extensos, y mostraban todos y cada uno de los movimientos de la nutrida flota de naves exploradoras que operaban en Marte.
–¡Tres orbitadores, dos robots móviles y una estación polar! ¡Estos entrometidos humanos acabarán descubriendo nuestra civilización! –exclamó un anciano levantando amenazante un enjuto garrote de piedra–. ¡Así les daría yo! Y les volvería a secuestrar otra vez una sonda, para que aprendan, como hicimos con el pequeño explorador británico, el Beagle 2. ¡A pan y hielo les tendría yo! –vociferó, salpicando el aire de saliva." ...

Y hasta aquí puedo escribir.
¡¡Si te encantaría seguir la historia, ya sabes, tendrás que correr a comprarla!!

P:S: Todo lo que aquí queda escrito es tan cierto como el sol que te alumbra. 
Hasta pronto, Reader. Vuelve. Te sorprenderé siempre. Lu ;)


viernes, 20 de enero de 2012

Ocurrencias de Tránsito Roja.

Vivienda uniespumosa de mi androide. Consta de dos habitaciones mullidas y una cocina de nube dulce. Si te aburres puedes lamer las paredes. 


    Como todos mis lectores sabéis, desde hace varios años convivo con una androide chiflada y empecinada en que escriba sus memorias. Pues bien, este regalito de la foto lo encontré esta mañana en mitad de mi jardín...
¿Que he hecho yo para merecer esto? Según su psiquiatra necesita emanciparse.


¡Tránsitooooooooooo!



jueves, 19 de enero de 2012

Pon un androide en tu vida, y se acabará tu vida...

Ciudad Cibernautic. Planeta Celeste. Galaxia de Ándromeda.
Debo tratar a Tránsito como a una persona normal. Al menos eso dice el Dr. Cabeza, psiquiatra y amigo de la familia. Ser natural de Ciudad Ciber, dormir de pie, cargarse la batería haciendo el pino, leer lamiendo la pantalla del ebook, comer una vez al año, alzar el vuelo en plena noche, derretirse y concentrarse en una canica, atravesar puertas estelares o conocer el futuro, no son razones de peso, según el psiquiatra de mi androide, para considerarla diferente. ¡No hay que discriminar a la pobre máquina! Pero, ¿Y qué hay de mi? ¿No cuenta que me muera del susto cada vez que me levanto de madrugada y me la encuentro petrificada como el ángel de piedra de una lápida, en mitad del pasillo? ¿O que me arrastre a sus espaldas por cielos estrellados y espacios infinitos, sin a veces, apetecerme? ¿Qué pasa si yo no estaba preparada para vivir el imprevisible Eterno Presente, con sus tic tacs de chicle y sus aventuras arriesgadas? 
¡Esto es una locura! ¡O una venganza! ¿Cómo se ha metido una androide del siglo XXV, en mi vida? Quizás se trate de una mala pasada de Fernando Canales, director de una agencia de viajes virtuales implantados, que fue un chico de mi clase al que en 1990 di calabazas. Me temo que cuando me lo encontré el otro día, me disparó una de esos chips subdérmicos y me envió de un empujón al Imprevisible, Infinito y Eterno...Presente.
Y ahora sí, os dejo un trocito de la vida de otro de los chicos de la Liga Solar y alumno Alfa de la Corporación, Venur Aglieri, natural de Venus. 
En el capitulo 2, de la 2ª parte, se puede leer: 
Superficie de Venus. A once kilómetros bajo la superficie,  Isthar. 


"El castillo Aglieri era una fortaleza enterrada. La separaban de la superficie más de once kilómetros. Al fondo de aquel socavón no llegaba el calor, y la temperatura se mantenía fresca gracias al impacto, producido hacía miles de años, de un pequeño cometa de hielo que aumentó su aporte de agua y disminuyó la temperatura. En tiempos de los antepasados de Venur, se abrieron unas fisuras para que una lengua de magma bajara hasta allí. Desde entonces los ísthareños del interior disfrutaban de cataratas, una playa artificial, cientos de embarcaderos, atracciones acuáticas… ¡Nada faltaba en el Ísthar subterráneo! Afuera, en cambio, todo cocía como en una caldera infernal o un auténtico horno cósmico. Por todos lados olía a azufre, a ácido, a magma y lava: a infierno.

Venur Aglieri, el joven príncipe de Ísthar, amaba el riesgo; de hecho, no podía vivir sin él. Llevaba planeando su escapada a la superficie desde hacía mucho tiempo, a pesar de que las leyes venusianas prohibían a los menores de edad salir al mundo exterior. Pero el joven soñaba con surfear sobre las enormes olas de lava con su tabla, y esperaba ver cumplido ese deseo cuanto antes." 
9 Mundos, el origen.


Buenas noches, Reader.




sábado, 14 de enero de 2012

A través del ojo de la cerradura, te encontré.



A partir de ahora y durante los próximos posts, nos dedicaremos a escribir, una vez más, sobre los ocho mundos que ocupan la segunda parte de la novela, me refiero, a los chicos de la Liga Solar: Ione Curie, Venur Aglieri, Diox Mars, Piter-Ju, Maquintosh, Uriel, Nep y Lara Plutis. No mencionamos a la protagonista terrícola porque su historia, que ocupa la totalidad de la primera parte de la novela, ya la conocéis: Narrada en primera persona, Ana Luna nos cuenta su experiencia con los servicios sociales, qué sintió cuando desapareció su familia, como vivió la catástrofe, su encontronazo con la taxista Quántica y los ocho chavales, la amistad con Tránsito Roja, una androide empecinada en ayudarle a superar los problemas o el profundo respeto y admiración que siente por dos hombres de otro tiempo...También descubrirá un amor que brota lentamente hacia uno de los chicos del grupo.
Sobre los párrafos que vamos encontrando al principio de los capítulos, destacados en letra cursiva, ya hemos comentado otras veces, que hablan de un tiempo presente y real, distinto al que va narrando Ana Luna Plach, y que corresponde, como bien sabéis a un tiempo pretérito. 
Y ahora sí, después de este prologo, os contaré quién tuvo la osadía de mirar a través del ojo de una cerradura, a quién encontró y que descubrió. 
Aquí os dejo unos párrafos recogidos del capítulo 1 de la 2ª parte, dedicada a Ione Curie, la negra flor de mercurio.

"En lugar de los pequeños y simples nidos luminosos típicos de la arquitectura de Mercurio, Ione encontró un bello mundo diferente, de achatadas edificaciones blancas, muy similares a las que ocupaban algunas ciudades en la Tierra, en la época romana. Había una inmensa puerta dorada, apoyada en dos columnas blancas adosadas al vasto muro de piedra arenosa. En el extremo inferior derecho de la bella puerta había un ojo de cerradura con un delicado marco de brillantes, y a través de él, Ione pensó que seguramente podría ver alguna cosa al otro lado. Acercó el ojo derecho, amarillo, grande y luminoso como un girasol, y miró a través del orificio. Aquel era un próspero reino con multitud de luces de colores utilizadas como reclamo, que parpadeaban constantemente y generaban una musiquilla encantadora. La ilusión por atravesar aquella puerta se convirtió en un deseo irrefrenable 
¿Se acordaría de ella? Sacó la llave del bolsillo y la observó una vez más: era pequeña, de argón azul, y palpitaba como un corazón, o no, quizá no palpitaba y no se parecía a un corazón, sino que era más bien un pez que intentaba atrapar un átomo de aire por última vez. La colocó suavemente en la cerradura e intentó darle media vuelta, pero encontró resistencia. Después la agarró con fuerza, la sacó y la volvió a introducir por el ojo de la cerradura, repitiendo el movimiento de rotación. Esta vez la puerta se abrió de par en par y al fin pudo entrar en la nueva ciudad de Capot, construida para ella en mitad de un valle de plástico por un exastronauta de la Tierra."
Ione Curie descubre la ciudad que un astronauta había construido para ella.












       

         Nueve Mundos, el origen.
                                              ¿La quieres? ¡La tienes!
                                           
                                          www.a4edicions.net









¡Feliz fin de semana! ¡ Un abrazo!


jueves, 12 de enero de 2012

Primeros conflictos entre Tránsito y Yo: ¿Falso amor?

La cuerda de una guitarra vibra. ¿Habrá sonido en el mundo más bello que este?Una voz arranca. Retiro las manos de las teclas, apago los pensamientos. Necesito descansar. Mi cuerpo parece no necesitar la razón y cierro los ojos. Abandono en el intento de poner orden a las emociones intensas que recorren mi piel, unas corrientes de agua helada que me erizan como un gato. Es un efecto secundario del flamenco. Al oír unos pasos, abro los ojos. 
La música atrajo a Tránsito hacia mi despacho. Su sombra había quedado incrustada en la pared de piedra proyectando su figura hacia mi como un obelisco. La miro directamente. Ella es eternamente fascinante, nunca dejará de sorprenderme. La sonrisa torcida y esa piel mate y pálida como el pétalo de una rosa. ¡Ella es tan poderosa, robótica y futurista! ¡Tránsito!  
-¿Te gusta la guitarra española, verdad?-le pregunto.
-Sí, mucho.
-No deberías salir de tu habitación. Podrían verte.
-Ya has publicado el libro. La gente empieza a conocerme.
-No, no (me río). Tu sabes que...
-¿Que yo se qué? ¿Qué es lo qué se yo, Lu? 
-Teníamos un trato. 
-Sí, ¿y?
-Tienes que respetarlo.
-No.
-Entonces, ¿porque sigues conmigo?
-Sabes demasiado, Lu. Tengo ordenes. 
-¿Qué?
-Lo siento, ya sabes que te he cogido cariño, pero, una de las dos...ahora...debe...
¡Dios!
Aquí acaba todo, pienso. En ese instante pasa por mi cabeza imágenes sueltas del último fin de semana en familia. Cierro los ojos de nuevo mientras espero que ella acabe la frase. Esto era de esperar. ¿Como se me ocurre a mi, escribir las memorias de una androide chiflada? 
Ya comienzo a notar su proximidad. Caen las lágrimas. Gruesas como las gotas de cristal de una lámpara. ¿Como lo hará? ¿Con sus propias manos?  ¡Dios mío! Seguramente está ya muy cerca, puedo olerla, siento su maldad avanzando milímetro a milímetro por la alfombra, su olor me abraza como una planta carnívora. ¡Dios! Bajo la cabeza hasta apoyarla en el pecho. Cierro fuertemente los ojos, como un mártir, en espera del golpe que me sesgará la vida irremediablemente. Intuyo las puntas encarnadas de sus botas de charol junto a mis pies. No puedo más. Arranco a gritar de dolor con todas mis ganas, gasto conscientemente las ultimas fuerzas que me quedan, a pesar de que todavía no ha acabado con mi vida. En ese momento recordé que al levantarme por la mañana, yo había elegido Acción. ¡Si es que me estaba bien empleado, por ser tan chula!¡Y ambiciosa! ¡Y juguetona! Sigo esperando. Los segundos pasan. Escucho un sonido que no identifico. Son golpecitos suaves, como si entrechocase la madera. 
-¡Lu, mira que eres original! Pero, ¿Qué haces? ¡Abre los ojos! ¡Mira! ¡Lu! ¡Mira!
Al incorporarme, de nuevo en mi sillón (todavía llorando yo como una niña), la veo plantada frente a mi, tranquilamente, en tremenda postura torera, doblada como un junco, con los puños agarrando dos castañuelas negras, el moño de gitana y la capa encarnada arremangá.
-Ahora, sí, Lu. Una de las dos, que no me has dejado acabar la frase, una de las dos, decía yo... ¡Debe echarse unos fandangos!
Tránsito, después de haber pasado con nosotros algún verano en Málaga.
Si es que la queremos como a una hija, ya ves tu...¡Olé mi androide!






Reader, convivir con un androide, no es fácil, nada fácil...;)   
¡Hasta pronto! ¡Vuelve por aquí! Te sorprenderé siempre...

lunes, 9 de enero de 2012

Ruleta Vital. Las vueltas de la vida.

Ana Luna, siente que forma parte de una macabra ruleta. Ella es la bola que salta inconsciente y sin voluntad. 
En el primer capítulo explica:

"Cinco minutos más tarde, mis padres, mi abuela y mi hermano Jan, de dieciocho años, desaparecieron. Tardé mucho tiempo en reaccionar, quizás horas, hasta que me percaté de la realidad. Me habían dejado sola sentada frente a un plato de dulces y cuatro sillas vacías. Pronto llegaron unas personas que rodearon la mesa con unas cintas amarillas, dejaron en el suelo unas flores en señal de duelo, me sacaron por los hombros de mi casa y me obligaron a meterme, otra vez, en un Mercedes negro.
Fue ese día, el más terrible y vacío de toda mi vida, cuando se inicia esta aventura personal. Como cualquier historia, la mía tiene un principio, algo turbulento y accidentado, ya ves, pero un comienzo al fin y al cabo, único e increíble."
Nueve Mundos, el origen.
Ana Luna antes de cruzar al imprevisible Eterno Presente.


Ana Luna, después de perder a su familia adoptiva, tiene que ingresar en un Centro de acogida, donde huirá con una mochila llena de miedo y pesadumbre. Pronto aparecerá por su vida una misteriosa taxista, una excéntrica androide, y ocho compañeros que le confiarán sus secretos. Nada volverá a ser como antes. Porque ya ha atravesado los márgenes del mundo. 
Al aceptar el juego, debes aprender las reglas. Y las reglas aquí y ahora dicen que irreversiblemente el final es el mismo para todos: 
¡Game Over!

domingo, 8 de enero de 2012

Dos tipos de otro tiempo.

Normalmente en todo relato, la sorpresa y el engaño son factores que se agradecen, y en el grado que ello incida en nuestra mente, dejará un sello impreso en la memoria. Por el contrario, como suele ocurrir con todo lo mediocre, pasará sin pena ni gloria si la historia no nos engancha de alguna manera. Recuerdo en mi adolescencia lecturas tan dispares como El perfume, El resplandor, Las aventuras de Arthur Gordon Pym, Viaje al Centro de la Tierra o las Leyendas y Narraciones de Gustavo Adolfo Becquer. No he podido olvidarlas jamás y de hecho, sin pretenderlo, he acabado influenciada por ellas. Muchas veces pienso que soy las lecturas que leo o en este caso, he leído en mi vida.
Pero volvamos al tema que nos ocupa. En la novela Nueve Mundos, nada es lo que parece y nada parece lo que en realidad es. O tal vez sí, si eres capaz de acompasar tus pensamientos con el tic tac del imprevisible Eterno Presente, donde el derecho es el revés y el revés es la unidad de tiempo.
En el capítulo 2 de la novela, entran en escena dos tipos nada convencionales que ilustran muy bien el post de hoy: Eric Weiss y Pol Quevedo. Ambos tienen muchas cosas en común: trabajan juntos para el CNI, el Departamento Nacional de Inteligencia, viven solos, y les apasiona la Fórmula 1. Físicamente son muy distintos y su carácter, reservado en el caso de Eric y extrovertido, en el de Pol, no es impedimento para que sean grandes amigos.   
Hay una escena, mi favorita, en el capítulo 4, que tiene lugar en un restaurante de Rambla Cataluña, en Barcelona. Los dos hombres se citan para almorzar en una ciudad solitaria donde apenas quedan un centenar de personas supervivientes de la catástrofe, entre ellas el Chef del local, que agradece la visita de los dos únicos comensales que ha tenido en los ultimos meses. Aquí os dejo la escena tal y como se narra en la página 80 de Nueve Mundos, el origen. 
Espero que os guste. Feliz domingo, Reader.


El doctor, Eric Weiss (al fondo) y el inspector Pol Quevedo.
Ilustración: Jordi Planella.
"–¡A mí todo esto me parece increíble, tío! –exclamó Quevedo.
–¿Y no podía tratarse de una alucinación o de un caso de psicosis colectiva? –sugirió Weiss.
–¡No, qué va! –respondió su compañero.
En la desnuda sala del restaurante, el chef y una camarera aparecieron en escena. Fue como una imagen subliminal algo confusa. Un segundo después, ambos habían desaparecido, desintegrados de repente, como dos pompas de jabón. ¡PUP!
Eric y Pol siguieron comiendo como si nada. Ya empezaban a acostumbrarse. En ese preciso momento, una agente de la Guardia Urbana entró en el comedor con un fajo de impresos en la mano. Movía aquellos papeles amenazadoramente, sirviéndose de ellos como si fueran un abanico.
–Señores, disculpen las molestias… A las puertas del local hay un burro ocupando un estacionamiento de la zona azul. Y les aseguro que esto no es una broma… je, je –les informó ruborizada.
–¡Qué panorama! –comentó Weiss–. En fin, señora, si aparece el caballero que es capaz de viajar a lomos de un burrito en pleno siglo XXI, le pido que me lo presente, que me hago de su club de fans
–Valeee. ¡Ya te pasaré mi dirección de Facebook! –espetó Quevedo muy enfadado.
–¿¿Qué dices?? ¿¿Qué te pasa?? –farfulló Weiss.
La mujer permanecía en medio del salón como un avestruz, con el pecho inflado y los ojos medio descolocados.
–Entonces, ¿no es de alguno de ustedes el pollino? –insistió la señora de uniforme.
Los hombres negaron con la cabeza. De repente la agente rompió el silencio con su estridente silbato metálico.
–Lo voy a preguntar por última vez… ¿Es usted el propietario de ese burro? –le preguntó directamente a Quevedo, señalándole con el índice muy rígido.
–¡Mira, Pol! Esta señora cree que es tuyo… ja, ja… Usted no le conoce, señora…. ¡Pero si le encanta la Fórmula 1! Así que difícilmente él puede ser el conductor del…
–¡Cállate, Eric!
–¿Qué? Venga, sigamos comiendo…
–¡Primero tengo que aparcar a Platero! ¡¡Mi Burro!! –gritó eufórico, salpicando el aire con gotas de saliva rellenas de tomate.

Ilustración: Jordi Planella.
                                       
¡Si el doctor Eric Weiss conduce siempre un flamante Jaguar Cabriolet! ¿Como es que acaba a lomos de un rocín por el desértico Paseo de Gracia de Barcelona? ¡Pobre Eric! Tranquilo, aun no sabes lo que te espera...


¡Unas gotas de humor extraterrestre! ¡En esta novela de enredos, no falta de nada!

sábado, 7 de enero de 2012

Quántica Infinito: El precio de un Secreto.

No existe un conocimiento tan cuidadosamente reservado y oculto a la vista de los demás que el que soporta ella. Si hubiese que cuantificar el grado de  misterio de dicha cosa, esta alcanzaría la máxima puntuación. Convivir con él día tras día no es fácil. No, nada fácil. Quántica tuvo que aceptar su destino con la resignación de un Santo. Pero, la metamorfosis no se hizo esperar. ¿Cuanto cuesta retener un secreto? ¿Todos estamos preparados para eso? ¿Qué precio he de pagar? Dependerá de muchos factores. 
Ana Luna tuvo la mala o buena fortuna de encontrarse con ella un día por la mañana en la calle Diagonal de Barcelona. Por aquel entonces, la desertización de la ciudad era lenta pero imparable, y los ciudadanos adultos desaparecían a millares como pompas de jabón.Y tal o cual compañero, amigo, padre, hermana o madre, se desintegraban en el espacio, sin explicación ni motivo. ¡PUP! 
Los informativos no cesaban de retransmitir escalofriantes imágenes, desde diferentes puntos del planeta, a todas horas, sin cortes ni filtros, presentaban la realidad como filetes crudos en un plato. Ana Luna, como miles de niños, tras la desaparición de sus familias, y la reclusión en Centros de Acogida para menores, huyó de esos tétricos hogares, y en su carrera por la ciudad, vio a Quántica al volante de un destartalado taxi. Una adulta como ella, pensó, con un vehículo y quizás alguna bebida fresca o algo de comer, era su mejor opción. 


Siempre me ha fascinado la capacidad que tenéis los seres humanos de confiar los unos en los otros. A veces, un desconocido, pensarlo bien, puede ser imprevisible. Y en esa imprevisibilidad es donde reside el peligro. Justamente, donde tu confianza ciega comienza, el mecanismo de su buena o mala voluntad acaba dibujando tu destino. 
Bienvenidos a 9 Mundos, el origen. Una puerta abierta al Eterno Presente. 

¡Gracias, Readers, por vuestras visitas! ¡Vosotros sois mi inspiración!


Gràcies, Gracias, Thank You!

Gracias por vuestras visitas, amigos de Rusia! Cada día sois más y más...

Благодаря друзьям для вашего посещения!

jueves, 5 de enero de 2012

Casualmente, te quiero. Por Tránsito Roja.



¿Puede una inteligencia artificial como yo, querer a alguien? En principio no. Casualidades de la vida: un error de fabricación del que ya os hablé un día. Pero tampoco ser madre, y una amiga, también mecánica, de mi misma serie, se ha quedado embarazada.
Los híbridos como yo, evolucionamos deprisa. Ni siquiera Isaac Asimov podría nunca haber imaginado a un robot enamorado o en estado de buena esperanza. 
El primer ordenador de la historia que fue padre se llamaba Catorce. Era un muchacho majo, de la producción de 2055, con mucho talento y desparpajo. Encontró a mi amiga Ela por casualidad, en la escuela de la Corporación. Ela era maestra de un grupo de alumnos Alfa, e impartía clases de física cuántica. Catorce llegó un día por la escuela como si fuera una hoja barrida por el viento, cuando su vehículo se averió, y necesitó realizar una teletransportación para atravesar hasta el otro lado del Universo. Fue entonces cuando los Guías Vitales le presentamos a la profesora para sacarle del apuro. 
Se conocieron según las normas: Primero juntaron las palmas de las manos, y estas, al detectar el calor, señalan los indices de compatibilidad entre los individuos. Así nos ahorramos muchos fracasos, roces e historias que vosotros bien conocéis. Enseguida se anotaron altas dosis de emotividad. Las pupilas dilatadas, exceso de sudoración, taquicardia, rubor, calor, humedad, ¡sentimientos!. Ela bajó la mirada cuando él se acercó para besarla, y al huirle, aun más deseó sus labios. Tardó unos segundos en conseguir el contacto, que a Catorce se le hicieron eternos. Pero valió la pena. Aquellos eran los labios más cálidos que había besado jamás. Pudo sentir cada sensación por separado, cada alteración individualizada y aislada y de esa manera el placer se intensificó por sí mismo y se elevó al cuadrado. Ela era de circuitos suaves y voltaje medio, justo del tipo de robot que a él le gustaba. Y entonces surgió. La chispa prendió el fuego, la candela caldeó los corazones y éstos, quedaron enredados en una secuencia insalvable. Poco se pudo hacer por ellos. El amor había avanzado como una enfermedad, invadiendo gran parte de los tejidos hasta dejarlos podridos. Podridos de amor. Un amor que fue el primero de la historia, entre dos ordenadores personales, padres de una nueva humanidad de cables y circuitos. 



domingo, 1 de enero de 2012

Mentes Mecánicas.


Al final de la escalera, te espero. Ven al  Eterno Presente. Y vive Aventuras por primera
vez en tu vida.
Existe un lugar en las afueras del mundo, más allá de los márgenes de la razón y de toda conciencia, donde todo ocurre a la vez, todo es simultáneo y cualquier cosa es posible. En ese lugar apartado no existe el pasado, ni el futuro sino un Eterno Sorprendente e Imprevisible Presente.
Si todo ocurre a la vez, mi futuro ya está ocurriendo, pero según las decisiones que tome ahora, ese futuro puede variar.
Ahora tienes la oportunidad de vivir en una sorpresa constante, en una aventura perpetua, en un huracán de emociones inolvidables e indescriptibles.
Mi versión mecánica: Lu QSistem.




Bienvenidos a la trilogía juvenil Mentes Mecánicas. El futuro lo dibujas tu.